La decadencia del matrimonio

Por | 30 Mar 06, 11:05

‘Saraband’ (2003), la que tiene todas las papeletas para ser la última película del director sueco Ingmar Bergman, da sus últimos coletazos en la cartelera de Madrid. Como ese cine pausado que hace él, parece pasar inadvertido pero tarda mucho tiempo en irse de tu memoria. Claro que algo tiene que ver la preciosa historia que rodea la película. ‘Saraband’ es la continuación de ‘Secretos de un matrimonio’ (1973), 30 años después, con los mismos actores: Erland Josephson, que sufre Parkinson, haciendo de Johan, y Liv Ullmann, directora de algunos de los guiones de Bergman, haciendo de nuevo de Marianne. El milagro que supone que los tres sigan vivos e involucrados en una “segunda parte” con el respaldo de la crítica internacional es un estupendo y conmovedor epílogo a una carrera llena de reconocimientos. Pero comencemos por el principio.

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A través de 6 capítulos pensados inicialmente para televisión (una constante en su carrera, siempre me he preguntado cuánto “share” harían sus películas), Bergman analiza la relación de pareja en la que se considera una de sus obras maestras. Johan y Marianne (sus actores fetiche Erland Josephson y Liv Ullman) aparecen al principio de la película en un programa de televisión revelando a la audiencia lo ejemplar que es su matrimonio. Pero en los siguientes capítulos las infidelidades, abandonos y el inevitable divorcio mostrarán que no es oro todo lo que reluce. ‘Secretos de un matrimonio’ es un retrato perfecto (aunque algo reiterativo y pesado, quizá tanto como la institución) del matrimonio. Dejadez, rutina, falta de confianza, torpeza en los diálogos incluso a pesar de los años compartidos… Bergman retrata esta desidia mediante ese marido que se queda dormido mientras… ¡su mujer le lee su diario!, mediante el primer plano desgarrado de ese cónyuge abandonado que no sabe a qué recurrir para consolarse o mediante la falta de madurez en las recaídas sexuales al tener que afrontar una separación. ¿A nadie le suena de nada? 8

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La zarabanda es una danza antigua para dos bailarines, una suite para chelo de Bach para dos personas y además, según la RAE, un “lío”, un “embrollo”. Bergman se vale de esta polivalencia para organizar ‘Saraband’ a través de 10 capítulos y un epílogo en los que los protagonistas se enfrentan, se aman o se separan 2 a 2. Después de 30 años, en los que ni siquiera un cáncer de útero ha conseguido unirlos, Marianne decide visitar a Johan, que se encuentra retirado en una casa rural. Allí será testigo de la difícil relación que une a Johan con su odiado hijo Henrik (que no es hijo de ella) y de la relación de dependencia entre éste y su hija adolescente, Karin, que estudia música. A pesar de la comprensión y la complicidad entre algunos de los personajes, la incomunicación y la frialdad entre la familia toman el protagonismo de la película, dando lugar a un par de escenas particularmente punzantes. Por un lado, casi cualquiera de las discusiones entre Henrik y Karin, pero en especial una última que mejor no desvelar; y otra, la escena en la que Johan se presenta desnudo para dormir con Marianne. Ni después de 30 años ni en plena vejez, parece haber esperanza para el amor y la familia. La única para la felicidad, si acaso, en la libertad de Karin. 7

Para un análisis exhaustivo de la película recomiendo este enlace.

  • cuantotonteriaenesteforo

    El matrimonio lleva en decadencia 25 siglos y el arte siempre lo ha reflejado, desde Homero. “Saraband” bebe directamente de Gogol y de Ibsen, autores del XIX. Toda la literatura burguesa decimonónica habla de la decadencia del matrimonio, de infidelidades y rutinas (Flaubert, Clarín, …) y Bergman es un maravilloso anacrónico que hace las películas que podrían haberse hecho antes de la invención del cinematógrafo. Esta película suena a muchas cosas, todas de hace 25 siglos, al menos. Esa es su grandeza. Un principio del arte, desde las cuevas de Altamira, es que “no es oro todo lo que reluce” porque, efectivamente, nunca es oro todo lo que reluce, ni en el matrimonio ni en las fiestas gay ni en nada. El ser humano no es perfecto, ni sus instituciones tampoco. No sé, supervago, cada vez usas más palabrería para no decir nada. Llegarás lejos.

  • Vin Azo

    ¡Qué suerte tienen algunos que están tan seguros de todo y siempre tienen razón! Otros pobres infelices nos tenemos que conformar con darnos de bruces con la vida que, cuando piensas que estás de vuelta, de un golpe te muestra que sigues donde estabas. En mi ceguera, me encanta seguir aprendiendo.
    La crítica de Supervago me parece muy fina y acertada.
    “Matrimonio” lleva 25 siglos significando cosas ditintas (sumisión, institución, liberación, contrato, negocio, felicidad, amargura, …).

  • Recuerdo haber visto “Secretos…” con 16/17 añitos. Me pareció una película ridícula. Pero la volví a ver hace un par de años y me maravilló. ¡Qué grande es Liv Ullman! Aunque las situaciones me siguen pareciendo grotescas y exageradas no puedo dejar de ver a todo mi entorno (a mi mismo) reflejado en esas personas adultas que se comportan como niños (en el mal sentido de la palabra).

    Hace unos meses vi “Sarabande” y me pareció atroz. La conversación entre padre e hijo es de lo peor que he visto en cine. Dios mio, Dios mio, esta vez espero que el tiempo NO me haga cambiar de opinión…

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