‘Intento de escapada’: Arte desbocado

Por | 21 May 13, 12:49

intento-de-escapada-fullJunto a ‘Intemperie’ (Seix Barral) de Jesús Carrasco, ‘Intento de escapada’ (Anagrama) ha sido el debut más celebrado de la temporada de un autor español. Que un escritor desconocido, de la periferia cultural (Murcia), coloque su primera novela como finalista del prestigioso premio Herralde y se la publique Anagrama, dice mucho de su calidad.

“El arte es una cosa sucia, y no hay manera de lavarla sin que pierda su color”. Sobre esta cita del artista ficticio Jacobo Montes (¿alter-ego de Santiago Sierra?), sobre (y contra) esta concepción del arte contemporáneo, se articula la excelente novela de Miguel Ángel Hernández. El protagonista es un aplicado e introvertido estudiante de Bellas Artes, más interesado por la teoría que por la práctica, por lo conceptual que por lo material, que acaba convertido en el asistente del célebre Montes, ayudándole en la preparación de su nueva obra. El encontronazo entre el arte y la vida, entre pensar el arte y hacer arte, determinará su proceso de aprendizaje, convirtiendo una historia de iniciación en una de frustración.

Para el lector que le guste (o le disguste pero le interese) el arte contemporáneo, ‘Intento de escapada’ es un caramelo (envenenado), una gozosa, lúcida y muy ácida reflexión acerca de sus límites éticos y estéticos, y sobre lo que se esconde detrás de ciertas actitudes socialmente “comprometidas”. Por sus páginas aparecen leyendas del arte más extremo como Bob Flanagan o el faquir Musafar, referencias cómplices a clásicos de la historiografía como Panofsky o Danto, y esas “cuatro bes” que definen el gusto literario del protagonista (y del propio autor): Blanchot, Bataille, Beckett y Bernhard. También se detalla el proceso creativo de una obra de arte, con valiosas reflexiones al respecto, y se satiriza el mundo (o mundillo) académico y artístico de una ciudad de provincias (Hernández es profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia).

Pero más allá de ese nivel de lectura, acerca del arte y sus alrededores, la novela funciona también muy bien como relato de iniciación, como vano “intento de escapada” adolescente, de deseo de frenar el mundo para fugarte de él. A pesar de cierta artificiosidad en los diálogos, sobre todo en los más costumbristas, y lo poco sutil de algunos recursos dramáticos, ‘Intento de escapada’ es una novela notable, una atractiva historia, contada de forma muy fluida, que incluye un giro metaliterario que recuerda al mejor Paul Auster. ¿Arte o vida? 8,5.

  • ¡¡Jaja, Joric, Gallu, el mejor Paul Auster, qué bueno, fenómenu!! Es la hija, ¿no?

  • Beckett is Shit

    Cualquier obra literaria que recurra a lo metaliterario por definición no es buena. No conozco ninguna excepción a esta regla, y menos Paul Auster.
    Es como si recurrieras a trucos de artificio porque el contenido no es suficientemente bueno o porque no sabes hacer nada mejor. Es como si en un concierto montas una coreografía marchosa porque la canción por si misma es floja.

  • Albarn

    Una vez terminado el dichoso libro tengo que admitir que la pretenciosidad del autor, dejando claro todo lo que sabe sobre arte contemporáneo cada dos páginas, me ha dejado helado (¿alguien se ha parado a contar cuántas veces el protagonista dice la palabra “arte”?).

    Hay conversaciones entre personajes que rozan la broma de mal gusto, sobre todo lo que dice el gran “Montes”, que, en mi opinión, intenta ser un personaje que marque un antes y un después y se queda en plano.

    Quizá el problema sea mío, que esperaba otra cosa, pero este Dan Brown murciano que habla de arte me parece que no.

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