Thank you Benicassim

[Foto vía: Fiberfib.com]

El equipo de JENESAISPOP es muy fan del FIB (alguno de sus más ancianos miembros presume de haber estado en sus primeras ediciones y algún otro de ir ya por su séptima asistencia consecutiva), así que no podíamos faltar a la XIII edición. Como siempre acudimos atraídos por el amplio e interesante cartel, y claro, por el ambiente de fiesta indie que se genera alrededor, la playita… eso que hace ya años atrae a mucha gente de todos los rincones de toda España y Europa. Sin embargo, música aparte, además de alabar el hecho de que las infraestructuras del evento son cada vez mejores (sin ser perfectas), queremos reseñar que el público que empieza a proliferar en el festival está cada vez menos interesado por la calidad artística y musical, y más preocupado por coger un tono rojo cangrejo, beber cuanto más mejor, probar todas las drogas posibles (no matter how) y hacer el macarra y el bruto porque NO es tu país y todo da igual. Aparte de la inmensa tristeza que nos produce que esos guiris y esas guiris de tan buen ver estén más interesados en drogarse, empujarse y contestarse entre sí de mala manera, que en conocerse o follarse los unos a los otros. En fin, que aunque volveremos, estas cosas están empezando a corromper el espíritu del festival de forma que para plantearte ir, ya no piensas sólo en la calidad del cartel. Sobre la valoración musical, casi por unanimidad escogemos como mejores conciertos Amy Winehouse, Patrick Wolf, The Go! Team y B-52’s; y como gran decepción, los Klaxons. A continuación, los detalles:

Jonston: En un festival plagado de bandas foráneas, es de agradecer que la organización siga reservando un pequeño hueco para las formaciones nacionales en el Escenario Verde. Si en anteriores ediciones le tocó romper el hielo a grupos como Maga o The Sunday Drivers, este año Jonston tuvo que lidiar con la complicada papeleta de ofrecer la primera actuación del festival ante un escaso público y con el cielo amenazando lluvia. A pesar de todo, el ex Detergente salió airoso gracias al buen resultado de su presentación en formato de grupo y a temas tan efectivos como ‘100 latidos’. Incluso logró poner a bailar a unos cuantos (entre ellos, los Clovis) con ‘El fantasma de Alicia’. Hator.

Iggy Pop and the Stooges: Una vez más, Iggy lo dio todo y volvió a hacer el baile de San Vito sin parar durante la hora y unos minutos que duró su concierto. El momento más «grande» tuvo lugar cuando decenas y decenas de fans de las primeras filas fueron invitados a subir al escenario a cantar ‘No fun’ y a pegar brincos con Iggy, lo cual desencadenó un gran cabreo de los agentes de seguridad, que no sabían cómo hacer para que la gente volviese a su sitio, con todo el escándalo que había ahí montado (el «Calm down, baby, calm down», de Iggy llegó demasiado tarde). Perfecto comienzo de festival. Elena.

Bright Eyes: Connor Oberst apareció en el Escenario Verde con una gran banda de músicos, entre ellos cuerdas y vientos, y una batería que al final del show se llevó un buen muerdo suyo. La larga melena al viento lucida por Connor, el blanco elegido como vestuario por toda la troupe y los matices folkies del repertorio les acercaron al cielo. Les faltó para llegar algo de su ramalazo indietrónico, mucho más adecuado para suceder en un escenario grande a Iggy Pop. Supervago.

Los Planetas: Son muchas las veces que los granadinos han pasado por el FIB y son muchas también las ocasiones en que han defraudado sobre el escenario. Hay días que a ellos les apetece dar un buen concierto y hay otros en que directamente no les viene en gana. ‘La Leyenda del espacio’, cuyos temas repasaron en la primera parte de la actuación, es un gran disco, pero esta vez no lograron contagiar al público con su flamenco-distorsión. Y es que si Eric se cubrió con un toldo rojo quizás para evitar el lanzamiento de minis de cerveza del público cabreado, a Jota sólo le faltó que le pusieran una silla para dar palmas y soltar algún quejío. Qué pensarán los guiris acerca del indie español ante tan excelsas actuaciones como la de Los Planetas, Fangoria y Kiko Veneno… De acuerdo que Arctic Monkeys y Muse son en Reino Unido quizás como nuestros Fito y Fitipaldis o Estopa, pero todo tiene un límite. Menos mal que la cosa se animó un poco con el repaso de clásicos como ‘Un buen día’, ‘David y Claudia’, ‘Santos que yo te pinté’ , ‘De viaje’ o ‘Copa de Europa’. Pero ni aun así. Hator.

Brazilian Girls: Las tablas en un escenario no las da un vestido de hada, de mariposa o de lo que fuera. Qué diferencia la presentación multinacional de Go! Team y la macarra de Brazilian Girls, qué diferencia los guiños latinoamericanos de Calexico y esa cutrez de Pablo Neruda que se marcaron los Brazilian, en plan «Estoy cantando a Neruda, cómo molo, ¿eh?». ‘Jique’ sí que moló, pero el conjunto, que podía haber sido el despiporre de Basement Jaxx hace unos años, no llegaba, no llegaba. Supervago.

Rufus Wainwright: Muy acertado el planteamiento de Rufus para este festival, pese a insistir en esa absurda «modilla» de hacer conciertos evitando hits. Acompañado por una espectacular banda, apostó por un sonido hipersaturado, algo así como noise-swing. Logró sacar brillo a canciones que en ‘Release The Stars’ suenan planas (‘Release The Stars’, ‘Going To A Town’, ‘Rules And Regulations’) pero con el bloque central (‘Between My Legs’, ‘ Not Ready To Love’ y ‘Slide Show’) estuvo a punto de caer en el tedio. Menos mal que supo levantar los ánimos con una versión corta de ’14th Street’ que supo a gloria. Y alcanzó el notable con el ‘Get Happy’ del music-hall de Judy Garland, caracterización incluida, con la banda vestida de esmoquin y haciendo coreografías de forma encantadoramente patosa. Caniche.

Antony and the Johnsons: Tan sobreactuado/a (Antony es la única transexual a la que la prensa no suele llamar en femenino) como siempre, Antony no logró meterse a los fibbers en el bolsillo. Para muestra un botón: las canciones desconocidas, que suponemos nuevas, sonaron prometedoras, mientras que sus clásicos, ‘Hope there’s someone’ o ‘Fistful of love’, devaluados. ¿El mundo al revés? Definitivamente se esfuerza tanto por mostrar pasión en cada nota, que lo que te queda es una inevitable sensación de vacío. Para cuando se arranca con una versión de ‘Crazy in love’ de Beyoncé, no tienes ni idea de qué pretendía. ¿Quitar hierro al asunto con una canción pop o dramatizar lo indramatizable? Supervago.

Herman Düne: La banda de David-Ivar resulta aún más infalible en directo que en disco, si cabe. Así, la esperada ‘I hope that I will see you soon’ o ‘Not on top’ provocaron el delirio en sus pocos pero entregados fans. Sin embargo, la banda franco-americana es tremendamente prolífica y lo demostró presentando un buen puñado de nuevas canciones. No terminé de disfrutar el concierto por la prisa de ir a ver a Klaxons. Cuando me enteré del retraso del show de los británicos era demasiado tarde para volver. Qué rabia. Caniche.

Who made who: Una marea salvaje de colores flúor (valían incluso los chalecos reflectantes del coche) se plantó dispuesta a darlo todo con los Klaxons y se encontró con tres daneses disfrazados de esqueletos. El retraso de Klaxons (‘do ha vedido’, que diría aquella) propició que la banda de Gomma Records se plantara con desparpajo y su rock bailable en el Escenario Verde y que no desmereciera en absoluto. Pese a la huida masiva de público, algunos cayeron en que eran aquellos que versionaron lo de: «Touch me, then you can suck me, so I can get my satisfaction». Caniche.

GusGus: En Islandia los vapores de azufre volcánicos deben afectar a la gente, o al menos es lo que supongo, ya que todo grupo que se precie del país nórdico siempre sale con el vestuario más extravagante posible (algunas se disfrazan de tomate). GusGus, como buenos islandeses, no fueron menos. Entre un vikingo y tres cantantes bien maquilladas, con unos vestidos llenos de colorines que rozaban el ridículo, pusieron a los asistentes a la carpa Fiberfib a calentar motores para lo que se avecinaba de madrugada. Los chicos de aquel ‘Polydistorsion’ sorprendieron gratamente. Uno de los conciertos más bailados del viernes. iko.

Kiko Veneno: Aparte de mucho ‘Veneno’, Kiko puso su granito de arena para el triunfo de la variedad festivalera del FIB. Gracias a lo bien que se desenvuelve sobre las tablas y la simpatía que desborda, supo quedar fenomenal delante de todos, incluidos los contados guiris que se dejaban ver por la carpa. Elena.

Wilco: Este show demostró que lo que falló en el Primavera Sound fue, sobre todo, el sonido. Porque lo del Escenario Verde fue espectacular. En una hora escasa fueron capaces de sonar de forma impecable, despejando cualquier tipo de duda que pudiera surgir tras el bachecito de ‘Sky Blue Sky’. El repertorio se basó sobre todo en su último álbum, pero supieron equilibrarlo con algunos de sus más grandes temas, menos intimistas y más rockeros. Especialmente intensas y emocionantes resultaron ‘Handshake Drugs’, ‘Impossible Germany’ y la final ‘Spiders’, siempre tan efectiva en directo, con una precisión que casi da miedo. Lástima que el gran grueso del público british estuviera más preocupado por otros placeres más mundanos, porque podían haber triunfado aún más. Caniche.

The Rapture: Los neoyorquinos son una apuesta segura en vivo. Siempre vibrantes, van sobrados de temazos, energía y gancho para hacer que nadie sea inmune al baile. Eso sí, aún hoy no hay nada en su repertorio que pueda hacer sombra a ‘House Of Jealous Lovers’, su infeccioso cencerrito y su estribillo enloquecido. El final con un tema de base electrónica que siguió sonando unos minutos tras la salida del escenario del grupo era perfecto para dejar la pista calentita a Klaxons. Caniche.

Klaxons: Y bien, ya estaban allí. Después de tantos años, puedo decir que hay una norma no escrita que dice que cuando un concierto levanta tanta expectación, está condenado a decepcionar. Para empezar, entrar a la carpa del Fiberfib, repleta de hormonas de color flúor, era imposible, así que nos tuvimos que conformar con verlo en las pantallas y escucharlos a través de los cuatro altavoces situados a la entrada. La banda, muy poco disfrazada, contó con un sonido realmente malo, probablemente motivado por no haberlo probado, porque poco a poco iba mejorando. Curiosamente la cosa empezó a despegar cuando acabó ‘Golden Skans’. O sea, cuando gran cantidad de público decidió que ya había visto suficiente. Así que sólo resultó mínimamente electrizante en el último tramo con un buen ‘Magick’ y la final ‘It’s Not Over Yet’. Medio bluff. Caniche.

The Horrors: ¡Pero qué invento es esto! Qué le habrán hecho las bolas de espejos a estos chicos que van de psicotrónicos y no pasan de mero grupo de colgados con aspiraciones de «que hablen de nosotros, aunque sea mal». Porque si en Moby Dick ya sentaron cátedra, al FIB llegaron desde el primer minuto dispuestos a liarla y, los que estuvimos allí, bien que fuimos testigos de ello. Por suerte, a pesar de los sucesivos golpes al pie de micro, el escenario aguantó y ninguno de los músicos acabó lesionado. Con un repertorio más que repetitivo, lo más interesante era ver la capacidad de improvisación de Badwan con los múltiples objetos que le llovieron desde el graderío, donde destacaba la troupe de Mario Vaquerizo, que seguramente no tendría mejor sitio en el que buscar ideas para su próximo show. Hator.

Devo: Era entrañable ver el sombrero-flanera de Devo en las cabezas de algunos fibers por el pueblo. La expectación era considerable, así que cuando el grupo se animó a tirar los susodichos sombreros a los fans de las primeras filas, aquello fue un subidón. De todas formas, tampoco necesitaban acercarse al público. El repertorio, con temas como ‘Peek-a-boo’ o ‘Whip it’, el excelente sonido o los cambios de vestuario bastaban. Daba pena no ser fan. Supervago.

Vitalic: Para aquellos que tras The Rapture y Klaxons aún tenían fuerzas, Vitalic era una apuesta segura frente al petardeo de Fangoria. Pascal Arbez (aka Brutalic) pocas veces decepciona, aunque es cierto que el nivel medio de los dj’s en este Fib ha sido bastante inferior al de pasadas ediciones. Si en Creamfields, Vitalic arrasó, en Benicàssim se mostró bastante autocomplaciente, aunque algunos de sus famosos redobles aún retumban en los oídos de unos cuantos. En cualquier caso, al público asistente, hasta las cejas de drogas, poco le importó que no fuese su mejor sesión. Hator.

Fangoria: Los guiris se fueron a otros escenarios, y en el Verde se quedaron los de aquí, que no éramos tan pocos aunque lo pudiese parecer. Esta vez, en su segunda visita al FIB, sonaron muy bien, mucho mejor que hace un par de años cuando lo que hicieron, por lo que me han contado, que yo no estuve, no tuvo nombre. Con la puesta en escena dividida en dos partes de la última gira, el show no contuvo grandes sorpresas, salvo un bocinazo a medio gas que Alaska dedicó a los Klaxons. Comenzaron con ‘Voy a perder el miedo’ y a partir de ahí tocaron las que tenían que tocar. Y la que no tenían que tocar pues también, que cuando ya creíamos que nos íbamos a librar de ver a las Nancys Rubias sobre el escenario, hicieron su aparición con ‘El rey del Glam’. El «bis» fue el punto más polémico del concierto, con Spam interpretando el bootleg ‘Retorciendo palabras’ meets Chimo Bayo. Esos gritos de ‘Así me gusta a mí’ desde luego que fueron el momento cumbre del concierto para muchos. Aunque también horrorizó a algún purista de los sonidos valencianos. iko.

Dorian: Si te toca actuar a las seis de la tarde, bajo el asfixiante calor de una carpa y quieres poner a bailar al público tienes que ponerle muchas ganas y tener unos fans muy voluntariosos. Dorian puede dar fe de ello. Algunos incluso han recorrido varias ciudades siguiendo su gira y a ellos quiso dedicar especialmente Marc uno de sus hits. Cartones con dedicatorias como ‘Vaya song’, ‘Tomas pastillas rosas’ o ‘Te has vuelto nihilista’ animaron un concierto en el que Marc se atrevió incluso a perderse entre los asistentes con ‘La playa bajo el asfalto’. Pero ni la hora ni el escenario acompañaban, por lo que más de uno se dedicó a esperar a que llegara el momento de corear ‘Te echamos de menos’ y, sobre todo ‘Cualquier otra parte’ para salir disparados hacia el concierto de Astrud que, en otro de los aciertos de la organización, casi coincidía a la misma hora. A ver si en próximas ediciones nos permiten disfrutar de alguna de estas actuaciones un poquito más tarde, porque te pones a sumar las horas que pasas de pie si llegas a primera hora al festival y te faltan dedos en las manos. Hator.

Astrud: Con un concierto bastante parecido al que ofrecieron en Summercase, Astrud terciaron con bastante acierto la actuación que les tocó brindar a una hora intempestiva. Manolo, ataviado con un sombrero de paja al más puro estilo fiber, deslumbró una vez más con una gran capacidad interpretativa de canciones tan brillantes como ‘El vertedero de Sao Paulo’ , ‘Minusvalía’ o ‘El miedo que tengo’. Tras el repaso correspondiente de los temas del ‘Tú no existes’, con Genís al piano, una batería y una teclista al frente de un Moog, quedó patente que los fans del grupo están sufriendo un cambio de generación. Si bastantes conocían sus últimos temas, pocos fueron los que corearon las canciones de sus primeros discos, como la final ‘Esto debería acabarse aquí’. Eso sí, todos despegaron los pies del suelo para disfrutar con la versión rock de ‘Bailando’ o ‘La boda’. Sin demasiadas pretensiones, Astrud cumplieron con notable alto, a pesar de algún que otro problema de sonido. Hator

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Peter Bjorn and John: Como me gustó tanto su show en el Wintercase pensé que no lo superarían precisamente en el FIB. Pues me equivoqué. Los suecos sonaron como un cañón y eligieron un repertorio conciso basado en lo mejor de ‘Writer’s Block’ para un bastante numeroso público entregado, agradecido y respetuoso. Especialmente brillante resultó la final ‘Let’s call it off’ y la esperada ‘Young Folks’ con el sorpresón de invitar a cantar a la (mi) adorada Tracyanne Campbell, de Camera Obscura. Uno de esos momentazos que sólo ocurren en el FIB. Caniche.

Cansei de ser sexy: Los brasileños han sido uno de los grupos revelación del último año y por lo tanto tenían la carpa en la que actuaban a reventar. A pesar de eso, no las tuvieron todas consigo. Por un problema con el generador, se suspendió el concierto durante veinte minutos. Muchos de los asistentes aprovecharon para ir a otro escenario. Y a pesar de que Lovefoxx no paraba de bailar, de saltar, de gritar… entre que el sonido sonaba saturadísimo y que su voz se oía fatal, el «bluf» fue inevitable. A pesar de todo nada podía impedir que algunos de nosotros bailásemos como locos ‘Let’s make love and listen to death from above’. iko.

Sondre Lerche and The Faces Down: Cuando las drogas, las críticas del NME y los guiris desfasados pueden con las canciones, son pocos los cientos de personas que se deciden a asistir a un show como el de Sondre Lerche. Sin embargo, la potencia de las guitarras y las ganas que le puso a temas como el final ‘Two-way monologue’ (aparte de una bonita camiseta de tirantes blanca y sudada) bastaron para llevarse una de las grandes ovaciones pop-rock del festival. Supervago.

Magic Numbers: El encanto del cuarteto que tiene todos los miembros de la misma forma era una apuesta segura para el Escenario Verde, sobre todo teniendo en cuenta su éxito en el Reino Unido. Con el gran sonido del escenario estrella, su actuación resultó perfecta para tomarse un momento de relax en la noche y disfrutar de sus bonitas canciones. Bonito (es). Caniche.

Camera Obscura: Lamentablemente, lo de las sonorizaciones en los festivales sigue siendo un misterio que nunca deja de dar disgustillos. A los de Glasgow les tocó lidiar con un volumen minimísimo, que a veces parecía que sólo oíamos los monitores del escenario. Sin embargo, el encanto de Tracyanne y los suyos lo puede todo y no cejaron ni un minuto en su empeño de agradar. Con una selección de temas exquisita, seguirán teniendo un lugar privilegiado en el corazoncito de los que les amamos. Sobre todo cuando hacen cosas tan chulas como invitar a subir a toda su road crew a dar las palmas de ‘I need all the friends I can get’ mientras ellos van dejando sus instrumentos y salen de la tarima. Caniche.

B-52’s: Las diferentes voces en primera línea del show de B-52’s sumaban tantos años que aquello podría haber sido una penosidad, pero por suerte fue todo lo contrario. La claridad de voces y guitarras te hacía bailar y tararear las canciones conocidas e interesarte por las menos conocidas. Sonaron temas como ‘Love shack’, aunque el delirio no llegó hasta el final con ‘Planet Claire’ y ‘Rock lobster’. El teclado sonó algo bajo en éstas, pero daba igual. Es muy grande tener planificado irte a la Human League y, canción tras canción, verte sencillamente incapaz de abandonar un concierto. Supervago.

Human League: Si salías corriendo del concierto de B-52’s llegabas a ‘Love action’ de Human League y de aquí hacia arriba, en un repertorio marcado por la sucesión de grandes hits como ‘The sound of the crowd’, que sonó en versión minimalista, o la final, antes del bis, ‘Don’t you want me’. Como en el Primavera hace un par de años, Philip Oakey se mostró comedido y elegante, ni una nota, ni una carrerita desmadrada fuera de lugar. Sin duda uno de los regresos más dignos que hemos visto, y una pena que la carpa Fiberfib se fuera vaciando a lo largo de la actuación. Supervago.

Najwajean: Un público de lo más variopinto para el espectáculo bochornoso de una Najwa que no dejaba de rascarse sus partes íntimas ante los aplausos de los más guayones. Sonaron bien y la gente estaba bastante animadilla. Ella con el mismo vestido chinesco de toda la vida y con la misma actitud de macarra desfasada que está más que vista, la verdad. Para sus fans, estupendo; para otros, un refrito de circunstancias fuera de lugar. Patri.

Arctic Monkeys: Pues aunque parezca increíble, un grupo de veinteañeros con dos discos recién sacados son el principal reclamo masivo del FIB 2007. Y funcionó, porque cuando empezó el show de los Arctic a eso de la una y veinte de la madrugada del sábado en el Escenario Verde, el resto del festival se quedó prácticamente vacío. No diré que los chavalitos no lo merezcan, porque resulta apabullante (casi insultante) que unos criajos sean capaces de actuar con tal energía, con una naturalidad digna de un veterano. Pero tras una primera media hora demoledora, es obvio que el repertorio comienza a resultar plano y monótono y que sólo resucita a base de ‘I Bet You Look Good (…)’ o ‘Mardy Bum’s’. Estoy seguro de que de haber nacido en Somerset (por ejemplo), conocer al dedillo las letras del grupo y haberme bebido seis u ocho litros de cerveza holandesa lo habría disfrutado muchísimo más. Caniche.

Fischerspooner: Tras la desbandada general del público extasiado de Arctic Monkeys, algunos esperábamos con expectación la actuación de Fischerspooner en el Escenario Verde, especialmente después de su brillante espectáculo en la pasada edición de Creamfields. Pero, oh, sorpresa, el glamouroso grupo de lentejuelas y plumas aparecía sobre el escenario con un más que improvisado vestuario y una escenografía realmente pobre. Spooner, ataviado con un calzoncillo y una camiseta arremangada, parecía estar cabreado e incluso en alguna ocasión paró el concierto para dar órdenes a sus bailarinas (que directamente iban en mallas) y llegó a increpar al púbico para que se animara a bailar de una vez. Más tarde nos comentaron que la banda había extraviado su equipaje, lo que explicó en parte el esperpento de lo que más bien parecía un ensayo de una sesión de danza que una performance electrónica. Aun así, pusieron mucho empeño en divertir al personal, ofrecieron algún más que interesante tema inédito de su próximo disco y nos brindaron como traca final un hitazo como ‘Emerge’. Una pena, así que a ver si hay suerte y el próximo año les invitan de nuevo para desquitarse. Aunque mejor en una carpa poco antes de la medianoche y no a altas horas de la madrugada para cerrar el Escenario Verde. Hator.

Lo-fi-fnk: Las señoras que había a los laterales del escenario no sabíamos si eran sus madres yendo a recoger a los niños tras su actuación. Quizás por su edad misma actuaron muy poco tiempo, en lo que creo que fue el concierto más corto del festival. Del vacío imponente con el que comenzaron, con temas como ‘Wake Up’ o ‘Change channel’ fueron llenando la carpa. Y para tener tan poca experiencia lo hicieron muy bien, a veces dándole al play antes de cada canción para así poder bailar por el escenario a lo macarra. Como nosotros. iko.

The Pipettes: Batieron récords de audiencia a tan temprana hora. El público tenía muchas ganas de verlas salir, quizás más por el morbillo que despiertan que por su repertorio musical. Ellos con chalecos de punto gris rollo university y ellas, guapísimas entre lunares y talles altos, estuvieron a la altura de las expectativas. Más coordinadas en sus coreos y más afinadas que en el Primavera Club de este invierno, sonaron entre otras ‘Pull shapes’ , ‘We are the Pipettes’ y algunas nuevas, demasidas para un concierto así. Lo mejor: las ganas que nos entraron a muchas de tener un grupo tan guay. Patri.

Animal collective: Una periodista de La Primera dijo en el Telediario que el público de Benicassim «se despegaba de la realidad». A todos los miembros de JNSP nos dio la risa con la frasecita, pero no se me ocurre mejor forma de describir lo que consiguieron los neoyorquinos en la tarde del domingo. Música ensoñadora e hipnótica que, si fuera posible, definiría como world music urbana. Drones de electricidad, timbales, teclados, delays, ecos, hip-hop, voces de ultratumba al servicio de la imaginación de Panda Bear y Avey Tare. Y nuestro, claro. Maestros. Caniche.

Calexico: El rock fronterizo de la banda de Joey Burns y John Covertino cada vez tira más al peligroso término de «latino». Siguen recurriendo a los dudosos guiños a Manu Chao, aunque esta vez (y que dure) no salió Amparanoia, ni siquiera en ‘Roka’. Invitaron por sorpresa a Gary Louris (The Jayhawks) en un par de temas, entre ellos un ‘Alone Again Or’ de Love, tremendamente emotivo (en ese mismo escenario actuó hace un par de años el desparecido Arthur Lee), y terminaron con el infalible ‘The Crystal Frontier’. Y la gente encantada, claro. Caniche.

Amy Winehouse: Yo este año he venido al FIB a ver a Amy y, de no traer el año que viene a alguien que no haya venido nunca, y sea lo puto mejor que salga al mercado ahora, no vuelvo. Qué lujo y qué gozada poder asistir en España a un show de la Wino. Delgadísima, hiératica, semidesnuda y con un buen pelucón (por cierto, que exigió que ningún fotógrafo le hiciera fotografías de frente), Amy resolvió su directo gracias a una sencilla pero bonita puesta en escena. A un lado, una fila de instrumentos de viento, sentados percusionistas y guitarras, a otro lado un teclado haciendo funciones de piano y al frente, dos negritos haciendo coros y bailando, incansables. Ella, la única chica sobre el escenario, fue soltando sus canciones desesperadas sobre celos, alcohol y relaciones decadentes con una voz apabullante, pero sin pecar de virtuosa. Mi favorita ‘Back to black’, que cantó al ritmo que le dio la gana, no alcanzó la intensidad del directo de otros temas como ‘Love is a losing game’, ‘Me and Mr Jones’ o ‘I’m no good’. Sin embargo, unos inesperados temas ligeramente reggae y ska, fueron el relleno perfecto de un concierto soul que nos llevó a otro tiempo, un concierto excelente, diferente y necesario. Supervago.

Patrick Wolf: En este hueco del post tendría que contar que este fue el mejor concierto del FIB porque el sonido era perfecto, la gente estaba entregadísima, el cantante tanto que se desnudó, se metió la mano en la minúscula bermuda, se rebozó bien por el suelo y el repertorio, temazo tras temazo, parece mentira que provenga de alguien tan joven como Patrick Wolf. Sin embargo, lo pasé tan mal pensando que el chico se iba a abrir la cabeza en uno de sus arrebatos esquizofrénicos que no terminé de disfrutar del todo. Teniendo en cuenta que salió media hora tarde y que no sonó, por ejemplo, ‘Libertine’, aunque nos consta que tenía pensado tocarla, sólo cabe una explicación: Patrick está en una etapa destroyer y ya no es nuestro príncipe azul. Supervago.

Simian Mobile Disco: Muchos teníamos gran expectación por ver en vivo a este dúo del que todos hablan cuando se refieren a la escena electrónica. Lástima la coincidencia con The Go! Team, porque resultaba imposible desdoblarse para disfrutar de ambas actuaciones. James Ford y Jas Shaw no salieron al escenario a especular y desde el primer momento bordaron su inmensa capacidad para crear secuencias y repetirlas hasta llevar al éxtasis a unos enfervorecidos fans que ya ni recuerdan la cantidad de veces que han bailado el famosísimo ‘Never be alone’. Si algún lector pudo ver a Justice durante el fin de semana, como algunos especularon, estaríamos encantados de enterarnos. Hator.

The Go! Team: Fue el concierto del FIB de este año, y es que lo que salió al escenario fue auténtica dinamita. Tocaron los temazos del ‘Thunder, Lightning, Strike’ y presentaron muchos de su nuevo disco. Y para no conocer los nuevos, consiguieron que el ritmo no decayese y la gente siguió saltando como loca. Sonaron perfectos, y debieron adelgazar como treinta kilos ya que no paraban de moverse por el escenario. La líder del grupo, Ninja, no derrochó, sino que es pura energía. Terminaron con ‘Ladyflash’, en lo que fue el final más divertido que recuerde de un concierto: Ninja fue repasando los bailes de las distintas zonas del mundo e imitándolos: Rusia, el break-dance de Estados Unidos, Irlanda… Cuando llegó a Inglaterra, simplemente hizo el zombie. Alucinantes. iko.

Muse: Me pregunto si grupos como Muse o Arctic Monkeys exigirán por contrato no coincidir con grupos de moda. En este FIB hemos tenido que sufrir coincidencias imposibles, como la de Go! Team frente a Simian Mobile Disco, o la de B-52’s con Human League, para luego encontrarte que justo los cabezas de cartel coinciden con nada o grupos claramente menores tipo Cassius. Así, los Muse arrasaron. Tema que empezaban a tocar, tema que la masa recibía con gritos del tamaño de los de su cantante. Tienen un repertorio de lo más sólido ya, y de una grandilocuencia adecuada al Escenario Verde, pero tantos efectismos por luz, sonido, tierra, mar y aire terminan resultando estresantes. Supervago.

DJ Yoda: Una de las grandes revelaciones, sin duda, frente a los platos en el Fib que, como ya he comentado, no ha sido especialmente el aspecto más destacado de esta edición. Este sorprendente dj londinense dejó boquiabierto a más de uno con una sesión calculada al milímetro en la que conjugó, por un lado, una técnica envidiable junto a, por otro, una habilidad más que destacada para combinar scratches con imágenes y sintonías de lo más inesperadas. Esto sí que es culto al pop y a la cultura audiovisual que nos ha visto crecer a muchos. Una batidora de ritmos y pantallazos que aún algunos no hemos podido quitarnos de la cabeza y que nos hace recuperar la esperanza de que en el futuro aún puedan pasar acontecimientos emocionantes en las cabinas. Hator.

Carpa Pop: La salvación de todas las noches, la razón de que nos quedemos hasta las escobas, la gozada de todos los años de recibir el amanecer mientras suenan los Strokes o los Cardigans. Si lo piensas es un rollo que todos los años pongan las mismas, pero la verdad es que si alguien hace una sesión más técnica y menos pop, como la de Filthy Dukes, pues vamos y nos aburrimos. Que dure mucho este oasis, por momentos parece que el pop es un género en extinción en este festival. Supervago.

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