Nacido en Philadelphia, compaginó su carrera musical con su otra vocación, la de predicador. Durante los años sesenta publicó varios álbumes en el sello Atlantic pero, como decíamos, nunca alcanzó un gran impacto comercial, pese a canciones como ‘Cry To Me’, que hoy muchos recordarán gracias a su aparición en la película ‘Dirty Dancing‘.
Probablemente su empeño por mezclar música negra y country le supuso cierta impopularidad entre los negros, más inclinados por los artistas que optaban por enarbolar la bandera del orgullo racial. Aun así, su incesante actividad musical durante los 70, 80 y 90, le valieron un reconocimiento y respeto que le convirtieron en leyenda viva del soul en la pasada década, cuando consiguió entrar en el Rock And Roll Hall Of Fame. En 2002, su carrera se vio revitalizada gracias al productor Joe Henry (de reciente éxito crítico por sus álbumes ‘Civilians’ y ‘Blood From Stars’), que trabajó para él en el álbum ‘Don’t Give Up On Me
‘, en el que Dylan, Waits, Costello, Wilson, Van Morrison y Nick Lowe escribieron canciones para que Burke las interpretara. En 2003, el disco obtuvo el Grammy al mejor álbum de Blues Contemporáneo.A partir de ahí, erigido en mito del soul, Burke ha continuado incesante publicando discos y girando postrado en su trono, llegando a ser cabeza de cartel en festivales de la talla de Glastonbury y Bonaroo, en 2008, o la edición británica del Womad en 2009. Esas giras incluyeron visitas regulares a nuestro país, como aquella mítica actuación en el festival Vía Jazz 2003, en la sierra de Madrid. Muchos recordaremos para siempre a ese gigante del soul sudando ríos bajo sus sempiternas gafas de sol y su sombrero de ala ancha.