El disco comienza el recorrido con las dos pistas más melódicas, que podrían valer incluso para algún club que abra hasta las tantas y que guarde joyitas para reproducirlas cuando llega la mañana. Los sintetizadores de ‘Asia’ dibujan una clara melodía emotiva que a lo largo del disco apenas encontraremos, ‘Frost’ suena a canto de iglesia con una caja de ritmos taladrante y nos topamos con versos hip-hop endiablados en ‘Trapdoor’ y ‘Sick’. En ‘Hound’ hay un momento en el que se atreven incluso con la percusión tribal.
El tempo, las voces y la ambientación son parecidas en todas las canciones de Salem, que consiguen crear una atmósfera personal e intransferible. Al escuchar el disco, uno puede añadirle imágenes al mundo que han creado con el sonido; de hecho sería una idónea banda sonora para alguna película de terror espiritual. Y es que Salem dan miedo, por muy majetes que parezcan en las fotos.
Calificación: 7/10
Suenan a: M.I.A. a lo oscurete, The Knife distorsionado.
Lo mejor: ‘Asia’, ‘Hound’, ‘Frost’.
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