Estrella Morente / Autorretrato

Aunque uno no lo quiera, quizá el haber leído la entrevista a Estrella Morente aparecida en El País hace unas semanas haya condicionado la impresión de este disco. Al menos, resulta descorazonador saber que la cantaora no sienta ilusión por publicar ‘Autorretrato’, su cuarto álbum en solitario, un disco cuya producción dirigía su padre y quedó sin terminar cuando la muerte sorprendió al Maestro Enrique Morente. Con su desaparición todos los que en algún sentido o momento hemos amado el flamenco nos quedamos huérfanos, pero Estrella la que más, una mujer con un talento natural desbordante cuyo modelado puso en manos de su progenitor, como ilustra la preciosa foto de portada. A Estrella le ha sido doloroso y difícil rematar el álbum y ha necesitado de la ayuda de Isidro Sanlúcar en la dirección musical para sacarlo adelante.

Según reza la nota de prensa, en este ‘Autorretrato’ la premisa había sido que Estrella dejara su impronta como artista y creadora, eligiendo qué se incluía y qué no o introduciendo composiciones propias, mientras que su padre disponía los medios para lograrlo. El despliegue es fabuloso: a los mejores guitarristas flamencos del mundo (Paco de Lucía, Tomatito, Vicente Amigo) se suman otros tocaores de renombre (Isidro Muñoz, su tío Montoyita) más creadores tan dispares y respetados en sus parcelas como Michael Nyman, Pat Metheny o Alain Pérez. Sin embargo, el retrato de Estrella que este disco dibuja es tan irregular, tan lleno de altibajos, que es inevitable pensar que esa sombra que la atormenta tras la desaparición de su creador distorsiona y desdibuja su verdadera personalidad, muy alejada de la cantante segura y poderosa que sí se percibía en sus anteriores álbumes.

Aparte de consideraciones personales, ‘Autorretrato’ resulta un álbum algo perdido. Junto a brillantes cantes tradicionales del flamenco (las sevillanas corraleras ‘Fernando Camisa’, las ‘Seguirillas de la verdad’, las bulerías ‘Como la corriente’ o ‘Bulería del amado’), hay un extraño empeño por demostrar que la cantaora también sabe ser cantante, ya sea de son cubano (una ‘Cuba – Cai’ cuya inclusión resulta forzada) o pop aflamencado. Es el caso de las colaboraciones con Montoyita (en las composiciones propias ‘A Lola’, un homenaje a la familia Flores, y ‘Canción del bembón’) y con los ex Ketama hermanos Carmona, que ponen fondo musical a ‘Tangos toreros’ (dedicada a su marido Javier Conde) y una versión de ‘La estrella’ (canción que Enrique dedicó a su hija al nacer) que queda muy lejos de la magnífica adaptación que su hermana Soleá cantó en el álbum de Los Evangelistas, que sin duda son lo peor del álbum, una innecesaria concesión comercial que cabría esperar de la Niña Pastori, pero no de Estrella. Puestos a hacer canciones al uso, ya podrían haber seguido el ejemplo de las versiones aquí incluidas, con el gran Vicente Amigo a la guitarra, de ‘En un sueño viniste’ (otro tema de Morente que ya habían adaptado Los Evangelistas) y ‘La habanera imposible’ de Carlos Cano, aquella canción que Estrella (o su fantasma) interpretó en el velatorio

de su padre, encogiendo el corazón del planeta.

Pero, además de los señalados, hay otros momentos magníficos, a la altura de lo que cabría esperar de un disco que ha contado con la implicación de Enrique Morente. Este álbum comenzó a gestarse cuando, tras un recital de Estrella en Londres, Michael Nyman se presentó a la cantaora para demostrarle su admiración. Ella estudió su obra y se quedó prendada de ‘Memorial’, corte de la banda sonora del film de Peter Greenaway ‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’. A ella se le ocurrió que encajaba muy bien con un poema de San Juan de la Cruz y así nació ‘Le di a la caza alcance’, dando lugar a un gran momento, cargado de lirismo y emoción. La gran comunión de ambos artistas queda patente también en ‘Pregón de las moras’, el corte que abre el disco y que escribió Nyman como acompañamiento a un texto antiguo recuperado por Morente padre. En una línea parecida está ‘En tus sueños’, una canción compuesta por Pat Metheny en su disco conjunto con el pianista Brad Mehldau y con una preciosa letra que, según cuenta Estrella, su padre escribió a su madre, Aurora Carbonell.

Coronando el álbum en su cierre está ‘Adagio’, una preciosa soleá cantada a dúo por padre e hija sobre percusión, guitarra y un sintetizador, realmente emocionante. Sin duda, los grandes momentos del disco superan con creces a los malos, pero la falta de una dirección musical más coherente y centrada hace su hora de duración excesiva y pesada. Merece la pena quedarse con las cosas buenas, pero ojalá Estrella logre quitarse pronto su pena y su pesar (como poco, habrá que esperar a que se resuelvan los dolorosos conflictos judiciales pendientes) para volcarse en encauzar su enorme talento en un camino. Cabe desear que siga el que emprendió su padre, pero nos conformaríamos con que se haga uno propio.

Calificación: 6,5/10


Lo mejor: ‘Le di a la caza alcance’, ‘Seguirillas de la verdad’, ‘Pregón de las moras’
, ‘En un sueño viniste’

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Publicado por
Raúl Guillén