‘Las brujas de Zugarramurdi’: excesiva, divertida e imperfecta

Siempre me ha llamado la atención la capacidad que tiene Álex de la Iglesia para cambiar el significado a símbolos que, antes de pasar por su objetivo, permanecían muertos de risa a la vista de todos. Símbolos como las Torres Kio, los famosos rascacielos inclinados del skyline madrileño que, gracias a ‘El día de la bestia’, hoy solo pueden ser entendidos como la catedral del diablo, y no precisamente porque Bankia tuviera allí su sede, que también. El vasco, además de director, es profeta.

Por genialidades así es por lo que siempre le perdonaremos que la calidad de su filmografía tenga grandes altibajos, ya que incluso en su peor película siempre hay espacio para una secuencia memorable. Es por eso también que cada estreno suyo siempre se recibe con unas ansias poco habituales en el cine español. Ganas que muchas veces juegan en su contra por aquello de que no siempre se pueden cumplir las expectativas creadas. Esta vez, por suerte para todos, la espera mereció la pena.

Hay mucho del primer cine gamberro y salvaje que hizo famoso al vasco en ‘Las brujas de Zugarramurdi’, una comedia excesiva que, para empezar, añade a la Puerta del Sol, y a sus estatuas vivientes, a la pequeña lista de escenarios madrileños que, como las mencionadas torres y el letrero de Schweppes de ‘El día de la bestia’; o las cuádrigas sobre el edificio BBVA del final de ‘La comunidad’, ya no podrán ser vistos con los mismos ojos después de esta película.

Y es que este filme tiene más en común con esos dos títulos ya mencionados (probablemente los mejores de Álex) que con experimentos más convencionales como ‘Los crímenes de Oxford’ o ‘La chispa de la vida’. Aunque quizás lo más correcto para describir ‘Las brujas de Zugarramurdi’ sería decir que se trata de algo así como una versión mejorada de ‘Balada triste de trompeta‘, con sus errores repetidos, pero también con sus aciertos reciclados y aumentados.

Aciertos que en la balanza final inclinan la báscula para bien y que empiezan, como siempre, por el casting, cuyo sector masculino (especialmente los travestidos) se lleva la mejor parte, mientras que el femenino, incluida Maura, se queda a las puertas del histrionismo.

Las trepidantes escenas de acción, el obligado humor negro y ese arte único para reciclar símbolos del que hablábamos al principio y que esta vez se fija en referentes tan ancestrales como las cuevas navarras o la Venus de Willendorf también suman puntos a una propuesta que tiene en el ritmo su principal talón de Aquiles. Claro que, comenzando tan arriba, es normal que poco a poco todo se vaya desinflando. Alguien debería haberle dicho al director que parase antes de llegar a ese final-epílogo que, sinceramente, se podrían haber ahorrado.

Así y todo, ojalá tuviéramos más a menudo en cartelera cintas tan entretenidas como la de estas brujas que, en el fondo, solo son una simple fábula del género femenino visto por un hombre que ama tanto a las mujeres no tiene más remedio que temerlas. 7

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Publicado por
Claudio M. de Prado