Si alguien cree que ‘MG’ es un antojo de estrella, algo que hemos visto repetido en innumerables grupos, bien para su lucimiento en solitario, bien para llevar a cabo un proyecto personal que se aleje del sonido del conjunto, aquí hay dos cosas que no se cumplen. Primero, que Gore no suena muy distinto a las bases o a las programaciones de determinadas canciones de Depeche Mode, y segundo, que no se han incluido voces ni letras para este disco. Un detalle importante, ya que es la primera vez que esto sucede en su carrera en solitario, y más si tenemos en cuenta que Martin Gore ha querido lucir, y mucho, en las últimas giras. ¿Quién no recuerda las interpretaciones con poco tino de ‘Jezebel’ o con mejor puntería de ‘Home’, mientras Dave Gahan abandonaba el escenario para mayor exhibición del segundo vocalista?
El concepto se agradece por inesperado y le vincula accidentalmente, sobre todo en cuanto a instrumentación, con Alan Wilder, antiguo miembro de la banda que formó un proyecto paralelo antes de abandonar Depeche Mode bajo el nombre de Recoil. En ‘MG’, a modo de píldoras sintetizadas, Gore esculpe sonidos industriales, golpes atmosféricos y cotas emocionales de sabor metálico. Una banda sonora que no desentonaría en un documental sobre la fabricación de mercancías sin operarios, en una cadena de producción o envasado.
Pero lo que en principio pinta bien se torna lineal. No hay temas especialmente inmediatos y la producción mantiene el mismo tono de la pegada inicial para dieciséis cortes con una duración media próxima a los cuatro minutos. Si a esto añadimos la escasa tensión del álbum, suena menor, menos complejo que los publicados por algunos de los discípulos de la banda. Aunque tampoco incómodo: es de alabar la ejecución minimalista, el aire cinematográfico y su inventiva para que caigas abstraído sin el uso de las palabras.
Calificación: 6/10
Lo mejor: ‘Crowly’, ‘Europa Hymn’ y ‘Stealth’
Te gustará si te gusta: mucho Depeche Mode y los discos más experimentales del sello Mute Records.
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