‘Spotlight’: contra la iglesia católica y el periodismo exprés

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‘Spotlight’: contra la iglesia católica y el periodismo exprés

spotlightTom McCarthy es el hombre invisible, el Leonard Zelig de Hollywood. Nos suena haberle visto actuar en un montón de películas, pero nunca sabemos en cuál. Y mira que son conocidas: ‘Los padres de ella’, ‘2012’, ‘Banderas de nuestros padres’, la serie ‘The Wire’… Tampoco nos acordamos de que es un reputado guionista. La historia de ‘Up’ no solo se le ocurrió al gran Pete Docter, también a él. Y qué decir de sus películas como director. Casi todas nos gustan –’Vías cruzadas’, ‘The Visitor’, ‘Win Win’- y hasta se llevan premios, pero es como si se hubiesen dirigido solas. Nadie se acuerda de Tom. Nadie entra al cine a ver «la nueva de McCarthy».

Con la repercusión de ‘Spotlight’ todo esto puede cambiar. Tom McCarthy empezará por fin a ser reconocido como “Mc… el director de ‘Spotlight'». Una de las razones de esta dificultad para acordarnos de él es su propio cine. McCarthy es un director de estilo tan invisible como el talento musical de Bertín Osborne. Un cineasta que nunca, por nada del mundo, se coloca por encima del guión y los actores. Ni siquiera a su nivel. Solo a su servicio. De esta manera, cuando la historia es buena y los actores también, la película funciona. Y si el guión es excelente y los actores fabulosos, sale ‘Spotlight’.

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Con la vista puesta en la fundacional (y fundamental) ‘Todos los hombres del presidente’, McCarthy realiza una absorbente y meticulosa reconstrucción de la investigación que un equipo de periodistas del Boston Globe llevó a cabo entre 2001 y 2002 sobre numerosos casos de pederastia que se dieron en el seno de la iglesia católica de Massachussets. Y lo hace de manera notable, cogiendo por los hombros al espectador y no soltándole hasta el final de la película. A pesar de algún subrayado sentimental innecesario (protagonizados por el personaje que interpreta Mark Ruffalo), McCarthy aplica tanto rigor en la puesta en escena como los periodistas de ‘Spotlight’ en su trabajo. Por medio de una sabia dosificación de la información, la combinación de los planos y las elipsis, consigue trenzar una narración, un «procedimental», con un ritmo sencillamente perfecto.

Pero hay «otra» película en ‘Spotlight’. Una en la que se refleja de manera sobresaliente la praxis de una profesión que en muy pocos años se ha degradado hasta el punto de que a cualquier bocazas que cree que contrastar una información es mirar las dos primeras páginas que salen en Google se le llama periodista. ‘Spotlight’ muestra la enorme cantidad de trabajo duro que hay detrás de una buena noticia: la búsqueda de documentación (en hemerotecas) y su lectura, las entrevistas, las esperas, la redacción… Y todo en la era casi pre-internet, cuando buscar un dato suponía revisar uno a uno cientos de ellos. En ese sentido, ‘Spotlight’ es un necesario homenaje al periodismo de investigación, aquel que debe ejercer como contrapeso del poder y ser capaz, como en este caso, de destapar lo que las autoridades eclesiásticas taparon durante décadas. 8,5.

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