‘Todos queremos algo’: volver al último finde antes del inicio de la vida adulta

La primera escena de ‘Todos queremos algo’, la nueva película de Richard Linklater, es toda una declaración de intenciones. El director obsesionado con el retrato en tiempo real del paso de los años (‘Antes del amanecer’, ‘Antes del atardecer’, ‘Antes del anochecer‘ y ‘Boyhood‘, de una forma o de otra rodadas con los mismos actores a lo largo de décadas) lo está también con la captura de un momento concreto de la vida (‘Dazed and Confused’), y en esta nueva cinta sigue esta última línea. Un joven viaja en coche camino hacia la universidad. Suena el hitazo ‘My Sherona’ de The Knack en la radio. Sube el volumen. Quedan 3 días para que empiece el curso.

En apenas unos segundos, Linklater nos ha situado en un momento muy concreto del tiempo y/o de nuestras vidas. Si ‘Dazed and Confused’ nos hablaba de un fin de curso, esta secuela oficiosa nos habla del inicio de la vida adulta, representada por la universidad a la que Jake (Blake Jenner) llega cargado de vinilos, y al que le esperan «días demasiado largos» (por la resaca del alcohol y las drogas, las novatadas tipo ‘Porky’s’, la competitividad con los compañeros, los estudios, las responsabilidades), pero también «años muy buenos» (por el desenfreno, la fiesta, el éxito en el mundo del béisbol, el placer de descubrir a Kerouac y la música, y por supuesto las chicas).

Richard Linklater ha planteado ‘Todos queremos algo’ casi como una autobiografía, queriendo recordar además que «los 80 no llegaron hasta 1982 o 1983». La película se sitúa durante el último fin de semana de agosto de 1980, rezuma en realidad un considerable aroma 70’s desde bigotes y campanas a versatilidad musical, y uno de sus hallazgos es mostrar a una juventud que en pleno Texas un día disfruta de una fiesta de música disco (justo antes del «disco sucks»), al siguiente de una country y al siguiente de una punkie. «Creo que tengo una crisis de identidad», dice el protagonista al respecto, ignorando que su posmodernismo/chaqueterismo en breve será tendencia.

Situada diez años antes de ‘Sensación de vivir’ y treinta años después de ‘Grease’, ‘Todos queremos algo’ funciona como retrato generacional de un período entre décadas y, a pesar de lo rebajado del componente romántico -casi de más durante la mayor parte del metraje- también como retrato de un sentir que no parece cambiar mucho con las generaciones: el del salto del instituto a la universidad, la lucha por la pertenencia a un grupo social, la ambición y la consecución de cosas que nunca nadie haya logrado antes, el éxito, la afirmación de la individualidad, la conquista del amor… y el placer de la buena música, aquí representada por Blondie, Parliament, Van Halen, citas a Devo o un breve discurso sobre qué es de verdad el rock’n roll. En sus momentos más universales, la vigencia de la película da miedo. Y con la llegada de las últimas horas de esa cuenta atrás, tras haber evitado lo mismo dramones que carcajadas, Linklater, con la tontería, vuelve a resultar asfixiante. 8.

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Publicado por
Sebas E. Alonso