Clásicos Que Nunca Lo Fueron: ‘Tango In The Night’ de Fleetwood Mac

Título: ‘Tango in the Night’
Artista: Fleetwood Mac
Sello: Warner (1987)

Los 15 millones de copias vendidas de ‘Tango In The Night’ hacen complicada, a priori, su entrada en la categoría de “Clásico que nunca lo fue“. Y sin embargo la reemergencia de Fleetwood Mac en los últimos años como banda a reivindicar parece centrarse sobre todo en sus discos de finales de los 70, lo cual es muy extraño si pensamos que la mayoría de artistas actuales bajo su influjo (Haim, Bat For Lashes, Shura…) deben mucho más al sonido sintético de esta pequeña gran joya de pop de los 80 que al orgánico de discos como ‘Rumours’ o ‘Tusk’. Parece como si casi treinta años después de su publicación siguiera arrastrando ese estigma de “disco comercial con sintetizadores” y por tanto inferior a sus supuestos clásicos. Con esa premisa dedicamos esta retrospectiva al último LP que grabó el “line-up” clásico de Fleetwood Mac (los cinco miembros, con Lindsey Buckingham, Stevie Nicks y Christine McVie al frente).

La cosa empezó en un punto bastante catastrófico de la historia del grupo. Tras los excelentes discos de Fleetwood Mac en los 70, su primera obra de los 80 (‘Mirage’, 1982, ahora mismo reeditada) había sido un disco más flojo, en coincidencia con el monumental bajón colectivo después de los bien conocidos excesos del grupo con las drogas. Era 1986, llevaban cuatro años sin editar nada, y la presión de Warner para que entregasen un nuevo álbum aumentaba. Con Stevie Nicks noqueada creativamente por sus adicciones y el resto del grupo luchando también contra sus dependencias, Lindsey Buckingham se encontró con la responsabilidad de tener que tirar del proyecto prácticamente en solitario, lo que se sumaba a su ya de por sí implicante papel como productor y arreglista del grupo. Y a sus propias adicciones, claro. Christine McVie y Stevie sólo aportaban a priori dos canciones cada una, por lo que Buckingham tuvo que acabar aportando más material y coescribiendo otras tres con Christine. La preparación y grabación se acabó prolongando durante 18 laboriosos meses en los que McVie se ausentaba, Nicks estaba internada u ocupada en la gira de su disco ‘Rock a Little’ y Mick Fleetwood se dormía durante las tomas.

Y sin embargo, enfrentado a todas estas circunstancias adversas y con la ayuda del coproductor Richard Dashut, Buckingham floreció de manera magistral, combinando una especial inspiración en sus composiciones con la incorporación de sonidos nuevos y elementos experimentales que tenía pensados para su tercer disco en solitario. No es ningún secreto que tres de sus mejores canciones de ‘Tango in the Night’ las tenía guardadas para ese proyecto y tuvo que acabar cediéndolas para que el álbum saliera adelante. Un hecho que si bien en el momento le irritaría, aportó un aire único a lo que acabó siendo la obra más singular de Fleetwood Mac. Precisamente una de esas composiciones inicia el disco de manera sublime:

Podría haber pasado perfectamente por una canción en solitario de Lindsey Buckingham. Hasta los “oh-ah” femeninos son en realidad su voz tratada con un sintetizador-sampler Fairlight. Pero bajo su nombre nunca habría podido convertirse en el éxito que fue cuando la lanzaron como primer single del disco (top 10 en las principales listas de éxitos del mundo). ‘Big Love’ es una de las canciones más fascinantes no ya del disco sino de toda la década de los 80, con una producción claustrofóbica que contrasta con las grandes panorámicas del resto del álbum. Pero su secreto está en ese ritmo singular, matemático, que encaja un patrón cuadrado con una serie de síncopas escalonadas: percusiones, guitarras “damp”, arpegios folk, todo con el toque inconfundible de Buckingham. Y aunque esos elementos de folk son casi inexistentes en la versión final de la canción, no hay más que escuchar (y ver) la impactante versión que realizaba en solitario hace pocos años en la gira de reunión del grupo para certificar que su origen está justo en ese estilo. Sobre esa base, Lindsey canta un desesperado “looking out for love”, que como revelaría años después, no era tanto “en busca de amor” como, de hecho, lo contrario: “protegiéndose del amor”, un alegato desconfiado para una época de desengaños y según él “la más oscura del grupo”. El sonido obsesivo de la canción encaja como un guante con ese mensaje de paranoia, y convirtió al grupo de soft rock más famoso del mundo en insospechado protagonista de las pistas de baile. Hubo hasta los inevitables remixes en los que realmente no había mucho que añadir a tan monumental ritmo, y todavía hoy es una canción que reaparece en mixtapes y sesiones como una rareza que nunca perteneció al mundo del dance pero que era perfecta para bailar. Cuando concluye el éxtasis final a base de una lluvia de timbales y esa perversa guitarra de una nota, la transición a ‘Seven Wonders’ es tan abismal que casi parece que estamos escuchando una cinta recopilatoria con canciones de distintos artistas… y en cierto modo era así. Calma y cielos abiertos tras la agorafobia del primer tema, claridad pop tras la paranoia.

Stevie Nicks habría aportado sólo dos canciones, pero vaya maravilla es esta ‘Seven Wonders’, una canción basada en un crisol de sintetizadores que le dan su toque totalmente distintivo. Porque si ‘Big Love’ era la opresiva declaración de principios de Lindsey para el resto del disco, armado de guitarra y Fairlight, esta canción es la de Christine McVie y su Yamaha DX7, el sonido que de hecho más domina en ‘Tango in the Night’. El DX7 acabaría siendo uno de los sintetizadores más denostados de los 80 por la ubicuidad de sus sonidos (campanas, pianos eléctricos, su célebre sonido de marimba) en algunos de los hits más hiperglucémicos de la década, pero no sería nada justo meter en el mismo saco el buen gusto con el que Buckingham y McVie pensaron cada uno de los arreglos de este LP. Como toda herramienta, depende de cómo se use, y ‘Tango in the Night’ es ya uno de los discos clásicos asociados a este sinte. Canciones como ‘Seven Wonders’ son un perfecto ejemplo de su dominio en la mezcla, que deja el estupendo rasgueo de la característica acústica de cuerdas de nylon de Lindsey Buckingham como una modesta respuesta en segundo plano. Pero por encima de todo esto brilla una melodía excelente, aumentada hasta el infinito en el estribillo por esas armonías que tan bien dominaba el trío de líderes. Redondeándolo todo, la letra de una Stevie Nicks enamorada.

Everywhere‘ también fue single de este disco, que llegó a generar hasta seis de ellos, una canción que es pura Christine McVie. Las guitarras rítmicas y las voces del estribillo casi se podría decir que directamente dieron a luz a Haim, dos décadas y media después. Pero además de lo obvio, está llena de detalles inusuales: el maravilloso arpegiado de teclado del principio y final, los coros de los estribillos sutilmente filtrados y procesados con el Fairlight.

La segunda parte de esta cara A la dominan inevitablemente composiciones de Lindsey Buckingham. En ‘Caroline‘ canta a una misteriosa mujer que es a a la vez “reclusiva y exhibicionista”, “atractiva y reactiva”, envolviendo la composición en un ambiente de drama y misterio (reflejo quizá de esa exuberante portada de Brett Livingstone Strong que claramente homenajea a Henri Rousseau). Un aire que conecta como en una suite con la fenomenal ‘Tango in the Night‘, otro fascinante artefacto que vuelve a acercar el sonido del disco al terreno de Buckingham. Efectos opresivos en las voces, intervalos inquietantes y muchas guitarras sirviendo a diversos propósitos: arpegios folk, dramáticos “power chords”, y hasta un solo de guitar god muy Prince. La cara se cierra con la exquisita melodía de ‘Mystified’, una increíble pieza de pop vaporoso con sintes producto de la novedosa asociación de McVie y Buckingham, compenetradísimos hasta en las voces en armonía, que de hecho siempre se parecieron mucho entre sí. Esta es otra de las muchas piezas en las que es evidente la ausencia total de Stevie Nicks, una canción que de entrada parece que no es gran cosa, con su simple estribillo de dos acordes y sus motivos chinescos de teclado, pero que a cada nueva escucha se te mete en el corazón un poco más.

Las querencias chinescas, un motivo recurrente en los arreglos de Fleetwood Mac ya en otros discos (‘Gypsy’…) continúan a la vuelta de la cara. ‘Little Lies’ fue otro de esos monumentales éxitos en las radiofórmulas de la época. Un entrelazado de sintes orientales, guitarras ambientales, procesadas digitalmente hasta el punto de no distinguirse de los teclados… pop de DX7 y Fairlight en su expresión más sublime. Y entonces llega ese emocionante estribillo de autoarmonías de McVie, la respuesta con la voz de Stevie Nicks (“tell me li-i-ies”) por el canal izquierdo y un contundente Buckingham (“tell me, tell me lies!”) por el derecho, que son historia de la radiofórmula 80s.

‘Little Lies’ transiciona admirablemente hacia otra de las grandes canciones del disco, ‘Family Man‘, acaparada una vez más por Buckingham hasta el punto de que ni en la batería participa Mick Fleetwood, sustituido por la más hermosa de las cajas de ritmos de los 80, el LinnDrum. Una exhibición de guitarras naturales y procesadas, una melodía maravillosa y de nuevo trucos de Fairlight en las voces y la instrumentación. Esta era otra de las canciones que el músico tenía guardadas para su disco en solitario y en ella se vuelve a apreciar una línea estilística que remite directamente a su disco de 1984 ‘Go Insane‘, una maravilla -por cierto- súper recomendable de pop con cajas de ritmos, sintetizadores y experimentos varios. A pesar de los múltiples detalles, ‘Family Man’ respira un hermoso aire ambiental, que contrasta con una letra que trata de expresar la crisis amorosa y vital de Buckingham que perfilaba ya ‘Big Love’… Los detalles de guitarra, el solo, impresionan y hacen recordar que cuando Buckingham dejó el grupo -spoiler- justo después de la publicación de “Tango” la banda tuvo que sustituirlo con DOS guitarristas.

Stevie Nicks ocupa el centro de la cara B con ‘Welcome to the Room… Sara‘, crónica musicalizada de su estancia en la clínica Betty Ford Center a finales de 1986 para superar su dependencia de la cocaína (ingresó usando el pseudónimo Sara Anderson). Una canción melancólica que aporta la parte más literal del subtexto biográfico que recorre todo ‘Tango in the Night’, describiendo lo confuso de su experiencia: “¿He estado aquí antes? / Esto es un sueño, ¿no? / Un déjà vu / ¿vine aquí por mi cuenta?”. Un reflejo de una época en la que Nicks no tomaba sus decisiones por sí misma sino ayudada por consejeros y amigos (“Habré cambiado cuando salga de aquí / Y puedes otorgarte todo el mérito / Dices que todo va bien, cariño / Pero a veces por la noche (…) no vale para nada”. No es de extrañar pues que cuando Nicks efectivamente se desenganchó, su corte de consejeros la presionase para ver a un psiquiatra que controlase posibles recaídas. Ironías del destino, él sería quien le recetaría el nefasto klonoplin, un tranquilizante derivado de la heroína que según relató años después resultó “más letal que la cocaína”.

Continúa ‘Isn’t it Midnight‘, escrita por Buckingham y McVie y cantada por esta última, una canción que dice por todos los costados “escena nocturna en coche en una película de los 80”. Podría decirse que es una de las que más anticuadas se han quedado por ser tan marcadamente de la época, pero es una canción excelente también, con un buen estribillo y excelente ambiente sonoro. ‘When I See You Again’ es el precioso penúltimo capítulo de ‘Tango in the Night’, una canción que Stevie Nicks canta con voz frágil, acorde con el tema de añoranza y miedo a los cambios cuando uno regresa de una larga ausencia -de nuevo las inquietudes personales ocultas tras letras de tono poético. Desprovista casi completamente de instrumentación “moderna”, podría haber encajado perfectamente como una balada de ‘Mirage’ o ‘Tusk’ y a pesar de su sencillez no defrauda en el apartado melódico.

El final del disco presenta lo que personalmente considero el único error del disco: cerrar esta docena de canciones con ‘You and I, Pt. II’ es comprensible si la intención era terminar con tono ligero y optimista después de los claroscuros que recorren la cara B. Pero hacerlo en perjuicio de su increíble canción gemela (‘You and I, Pt. I’, relegada a mera cara B de ‘Big Love’) estropeó en mi humilde opinión la oportunidad de que el disco hubiese sido aún más redondo. Por suerte actualmente uno puede construirse su propia secuencia de canciones y solucionar el error en su universo particular al escuchar el disco. O al escribir los párrafos finales de este artículo:

Como adelantábamos antes, después del titánico esfuerzo de completar el disco (“worst recording experience of my life”, llegaría a decir), Lindsey anunció su abandono en agosto de 1987, aterrado ante una gira mundial que pintaba complicadísima con todos los problemas personales de la banda. Irónicamente su abandono convirtió a McVie en la protagonista de la gira y de los singles que Warner fue extrayendo del disco, y a pesar de que participó en los clips promocionales su camino no volvería a juntarse con el de Fleetwood Mac hasta la reunión de finales de los 90. El año que viene ‘Tango in the Night’ cumple 30 años y sería un momento excelente para una reedición aniversario con canciones extra, tomas alternativas y demos (algunas de las que circulan por Youtube son excelentes), como las que ya se han dedicado a los discos del grupo inmediatamente anteriores. El último gran disco de Fleetwood Mac sin duda lo merece.

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