Los vítores a Jeremy Corbyn, a punto de ensombrecer a The Weeknd y The Jesus and Mary Chain en la primera jornada del FIB

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Los vítores a Jeremy Corbyn, a punto de ensombrecer a The Weeknd y The Jesus and Mary Chain en la primera jornada del FIB

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La primera jornada del FIB 2017 ha sido uno de los jueves de mayor asistencia que se recuerdan. Como siempre durante los últimos años, una gran afluencia británica ha marcado el destino de algunos de los sets, en este caso de gente como Ride o Stormzy. Pero el cabeza de cartel era claramente The Weeknd, uno de esos pocos artistas que puedes encontrar constantemente en las webs especializadas más exigentes y al mismo tiempo en Los 40 Principales. Casi es difícil recordar los tiempos de sus mixtapes ahora que es una diva que puede permitirse salir 5 minutos tarde al escenario de un macrofestival, ¿cierto?

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Abel Tesfaye ofreció un concierto sorprendentemente muy orgánico, con muchos menos pregrabados de lo esperado y una solvente banda destacada en una segunda altura, mientras él se paseaba de un lado al otro del escenario bajo su equipo. Empezó a lo grande con ‘Starboy’ y terminó, antes de los bises, como su último disco, con la otra canción que tiene producida por Daft Punk, ‘Feel It Coming’. Entre medias, una larga lista de canciones acortadas, no siempre bien dispuestas (alguien tiene que enseñarle cómo orquestar un buen repertorio con la cantidad de discos que, con la tontería, tiene ya), pero muy agradecida. El sonido de batería y guitarras, e incluso de su voz aterciopelada, era espectacular, dejando solo el protagonismo a pregrabados durante el estribillo de ‘Rockin» y algún momento más. Estupendo mash-up de ‘Secrets’ y la gran ‘Can’t Feel My Face’, y muy celebrado bis con la coreadísima ‘The Hill’. Resonarán entre sus fans largo rato los «I’d die for you, Spain», mientras lamentaba no haber visitado nuestro país hace mucho (suponemos que de vacaciones).

A continuación, una de las grandes sorpresas de la noche la daban en el Escenario Visa The Jesus and Mary Chain. Pensé que veríamos un grupo en declive, a lo sumo correcto, pero ahí el único declive era el del público que no atendía. La influyente banda de shoegaze dio un show de sonido de 10 en el que vibraron tanto sus evidentes influencias de Lou Reed como las de Phil Spector, así como las que han dejado en una generación posterior. ‘Just Like Honey’, en la segunda mitad, ni siquiera fue la cumbre del set: despuntaron igualmente ‘Some Candy Talking’, ‘The Living End’ o para terminar ‘I Hate Rock’n’Roll’. I Hate Rock’n’Roll? Más bien, «it’s only rock’n’roll, but I like it!».

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«Está bien estar de vuelta, especialmente después de nuestros últimos días», así celebraba el líder de Ride su regreso a los escenarios del FIB 22 años después de su separación y de su concierto en la primera edición del festival (!), que fue el último que dieron, antes de separarse en 1995 (!!), hasta el año 2015 (!!!). La frase que celebraba el reencuentro, pronunciada entre los dos primeros temas del setlist, ambos del último disco del grupo, ‘Lannoy Point’ y ‘Charm Assault’, sirvió para introducir su indie británico de manual, en sintonía con los primeros Stone Roses y a todas luces un precedente de Oasis. No en vano, aunque no es la canción en la que más recuerdan, se despertó algún tipo de conexión mental y varios guiris se animaron a entonar un poquito de ‘Don’t Look Back In Anger’, el espontáneo himno post-atentado de Manchester, en un momento random de este concierto de Ride. El show dejó como momentos destacados la permanente sonrisa de Mark Stephen Gardener (sorry, Andy Bell), una ‘Cali’ llena de misterio; la electrónica cuasi trendsetter de ‘Leave Them All Behind’, un tema de 1992; o la maravillosa melodía de ‘Taste’. Fueron terminando con ‘Vapour Trail’, se recrearon en ‘Drive Blind’ y soltaron un «Enjoy The Weeknd» de despedida que nadie sabía si era por Abel Tesfaye o por el finde. Todo muy correcto, solo les sigue faltando un macrohit.

Con Ride medio comenzábamos la primera jornada de un Festival de Benicàssim realmente multitudinario en el que, en numerosos conciertos se han escuchado varios vítores dedicados a Jeremy Corbyn, el líder laborista británico (sobre la melodía de ‘Seven Nation Army’ de White Stripes). Entre ellos, el imponente show de Stormzy, marcado por las sencillas proyecciones con pequeñas distorsiones de colores sobre el directo que se mostraban tras él, y sobre todo por temazos como ‘Cold’ (hacia el principio), el R&B de ‘Cigarettes and Cush’ hacia la mitad o en última instancia, su aportación a ‘Shape of You’ de Ed Sheeran (precedida de un «¿Sabéis lo que es el grime? Porque no importa demasiado ahora mismo») y esa ‘Big for Your Boots’ en la que el volumen se baja estratégicamente cuando toca la cita a Adele. Para terminar ‘Shut Up’, ultra celebrada por el público. A destacar las ganas y la verborrea cantando de Stormzy, entregadísimo y perjurando que este ha sido uno de sus shows favoritos.

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A primera hora de la noche, Ten Bears, uno de los grupos revelación de Madrid, ofrecían un dicharachero set en el pequeño escenario OchoyMedio/Razzmatazz, con influencias de gente como M.I.A., estilos como el trance y el synth-pop y sellos como Mad Decent. Mientras un DJ en segunda plana pincha las suculentas bases, dos voces femeninas -un tanto estridentes- ejercen de líderes en el repertorio de este interesante proyecto que dará que hablar o debería. También hay que destacar el sensual show de Honne, totalmente orgánico en su formato quinteto y muy suculento para seguidores del primer Michael Jackson o los primeros Phoenix, es decir, ¿todos nosotros?

La noche terminó con los hits tipo remezcla de ‘I Follow Rivers’ de Lykke Li de OchoyMedio DJ’s o el guiño a Moby de la sesión bailable de Kölsch. El escenario grande lo cerró Bonobo, en la que era la primera vez en el FIB para Simon Green. El británico salió acompañado de su banda y de Szjerdene, vocalista de varios de sus hits. Bonobo hizo un repaso de canciones de su último disco y anteriores, consiguiendo una delicia de espectáculo, muy cuidado y dinámico, donde las intervenciones de batería, guitarra e instrumentos de viento sumaban a lo que él aportaba a los teclados. Nos hizo bailar, entre otras, con ‘Bambro Koyo Ganda’ perfectamente enlazada con ‘Cirrus’, ‘Kerala’ o ‘Outlier’. El concierto, muy orgánico, fue precioso y aunque gran parte del público estaba entregado al show de sus emociones, faltó algo de atención quedando algo desaprovechado.

Foto The Weeknd: Jota
Texto Bonobo: Elena H.

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