En este tercer largo, Maria Manoli, Lili Laduquesa, Dave Petrone y Don Matias vuelven a apostar por un power pop de urgencia punk en el que las melodías –a menudo entonadas a tres voces– lo son todo. Y así lo prueba el que han elegido como principal muestra del álbum, ‘La Constitución’. Este tema lo tiene todo para convertirse en el nuevo gran himno del grupo –con permiso de ‘Évoli’ y ‘Tus ojos son puñales’–: un riff de guitarra característico y, sobre todo, una línea melódica infalible desde el comienzo de la canción hasta el final, con un estribillo de esos con “aa-aa-aaaah”s que parecen destinados a ser coreados a grito pelao
en directo.Máxime cuando, además, su letra es claramente –pese a su lírica algo enigmática– un himno al desencanto político y social de tardo-veinteañeros o neo-treintañeros asfixiados por un sistema que les ha condenado a trabajos precarios, alquileres caros y decepción ante el futuro. Un sistema que parece edificado “para romper, una vida, un sueño o algún plan” y que glorifica esa Constitución que “nunca te dará la razón” y que, a punto de cumplir 40 años, parece en plena crisis de los ídem. Por eso ese “¡Viva la Constitución!” suena con toda la ironía del mundo, con líneas que, de manera algo confusa, se refieren a “la del morado” –la bandera republicana, asumimos– como “la del Borbón”. El vídeo de la canción, filmado a caballo entre California (en unas vacaciones) y Madrid, con modestia pero muy resultón, también contiene pistas sobre la necesidad de que ese libro semi-sagrado que, en su interior, está podrido por la corrupción y las convenciones de oscuros tiempos pasados sea “algo para romper”.