Música

Cuánto vale tu amor por el pop: el precio de las entradas

«Estoy traicionando todos mis ideales ahora mismo: no hay nada como ponerme una diva delante para traicionarme hasta el máximo». Son palabras de mi compañero de podcast Claudio M. de Prado, hablando de lo desplumado que está después de comprarse las entradas para 3 conciertos: los de Madonna, Beyoncé y Björk. «Me crea dilemas morales, porque es entrar en el juego del capitalismo: entregarse al capitalismo con los brazos abiertos. Pero mi amor como fan supera mis ideales como persona política. Mi amor por las divas me ciega».

A petición del público, dedicamos el nuevo episodio de nuestro podcast REVELACIÓN O TIMO a hablar de la coyuntura que ha producido que los precios de las entradas de los conciertos se disparen tras la pandemia. Han confluido diversas variables como la inflación, el componente nostálgico, la excepcionalidad de estar viendo a artistas que solo nos visitan cada 5 o 7 años, el vacío legal en torno al mercado secundario, la sustitución de entradas falsas por los tickets PLATINUM, el cambio en el modelo de negocio tras la crisis generada por la piratería o la ausencia de ese apocalipsis económico que los medios de comunicación llevan anticipando 4 años.

JENESAISPOP ya publicó un artículo sobre todo esto y también os animamos a consultar los realizados por medios como Infolibre. No dejamos de hablar de lo que cuestan los vuelos y hoteles a los artistas y su equipos… y cómo las entradas se han decantado por ese mismo modelo de precios fluctuantes de vuelos y hoteles (la mencionada entrada PLATINUM). Y entramos en otros factores como los impuestos de aduana agravados tras el Brexit o la dificultad de los artistas medios para realizar sus giras sin pérdidas.

No pasamos por alto la polémica de los gastos de gestión, para los que Robert Smith ha conseguido una victoria histórica al lograr que una parte se devuelva a los usuarios de Ticketmaster. Y también dedicamos una última parte del podcast a hablar de coleccionismo.

Y es que para una parte del público, mientras la otra habla de robo, usura y abuso, probablemente con razón, no es ninguna novedad gastarse un pastizal en un concierto. Antes lo hicieron en un disco firmando, en un vinilo de edición limitada o en un objeto de coleccionista de su ídolo. Algo que sí, podía valer 1.000 euros.

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Publicado por
Sebas E. Alonso