Este 6 de enero se ha comunicado el fallecimiento de Béla Tarr, cineasta húngaro conocido por ser uno de los principales representantes del cine lento (o slow cinema) durante la transición del siglo XX al XXI.
Tarr ha muerto a los 70 años tras una larga enfermedad, dejando una filmografía de 11 películas. La última que publicó fue en 2019, ‘Missing People’, un documental encargado por el Wiener Festwochen, el festival cultural vienés.
La obra de Tarr era reconocida por su narrativa pausada y por la exploración de personajes humildes y marginales, a menudo sometidos a duras experiencias vitales. Para contar sus historias, empleaba contemplativos planos secuencia, ritmos de cámara extremadamente pacientes y un uso del blanco y negro. ‘Sátántangó’ (1994), considerada su obra maestra, retrata el colapso del comunismo en Europa del Este a lo largo de siete horas y media de metraje. Sus películas estaban habitadas por personajes pobres, migrantes, vagabundos o campesinos y, en ocasiones, como en ‘Armonías de Werckmeister’ (2000), se desarrollaban en pequeños pueblos.
Tarr, nacido en 1955 en Pécs aunque se crió en Budapest, debutó en 1979 con ‘Nido familiar’, pero fue el drama ‘Damnation’ (1988) el que lo puso definitivamente en el mapa de la crítica cinematográfica gracias a su estilo formal pausado, que desarrollaría en sus siguientes obras. Curiosamente, Tarr siempre rechazó las comparaciones con el ruso Andréi Tarkovski, icono del slow cinema, argumentando que las películas de Tarkovski exploraban temáticas espirituales y religiosas, mientras que las suyas se centraban en problemáticas sociales y existenciales.
Aunque ‘Missing People’ fue su última obra publicada, la película considerada su cierre definitivo como cineasta es ‘El caballo de Turín’ (2011). Tras su estreno, Tarr anunció que no volvería a dirigir largometrajes.