La andadura artística de Josh y Benny Safdie ha tomado rutas diferentes (por una polémica en torno a una escena de sexo con una actriz menor de edad durante el rodaje de ‘Good Time’), y por primera vez, los hermanos han entregado películas dirigidas por separado. Es curioso cómo ambos lo han hecho con biopics deportivos.
Benny con ‘The Smashing Machine’, sobre el luchador Mark Kerr; y Josh con ‘Marty Supreme’, sobre el jugador de ping-pong Marty Reisman. Las dos suponen un acercamiento personal al drama biográfico, pero mientras que la primera es más clásica en su narrativa, esta segunda no dista en exceso de las epopeyas urbanas de ‘Good Time’ o ‘Diamantes en bruto’.
Muy heredero del cine del primer Scorsese, el cineasta continúa creando historias de ritmo frenético en las que el protagonista debe hacer todo lo posible por mantener su vida a flote, lidiando con la presión de ver cómo todo lo que le rodea se viene abajo. En esta ocasión nos lleva a los años 50, donde Marty intentará escapar de su destino como trabajador de una tienda de zapatos y convertirse en un jugador profesional de tenis de mesa. El talento lo tiene y la ambición también, tanta que hará que su búsqueda de gloria esté plagada de adversidades que dan pie a situaciones de lo más extravagantes.
Pero nada frena a Marty en sus ansias de gloria. Ni a un excelso Timothée Chalamet, que compone un personaje tan canalla como carismático; un sinvergüenza del que, sin embargo, no puedes apartar la vista e incluso desearle lo mejor en sus fechorías. Ni a Josh Safdie, cuya cámara filma con tremenda vivacidad, desparpajo y un vertiginoso sentido del ritmo cada uno de sus movimientos, creando un tensísimo ejercicio de estilo que intriga, angustia y divierte a partes iguales. Porque ‘Marty Supreme’ es tanto una comedia negra como un thriller adrenalínico que deja sin aire -con ayuda de la extraordinaria música de Oneohtrix Point Never- sobre el lado más podrido del sueño americano.
Al director le interesa indagar en lo lejos que alguien está dispuesto a llegar para cumplir con sus objetivos, en la ambición sin límites y el egoísmo y la falta de escrúpulos que esta trae consigo. Y también en cómo Estados Unidos y los valores que proclama se basan exactamente en eso mismo. De esta forma, la película hace una suerte de metáfora política en la que presenta además a un país recuperándose de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y despegando como potencia internacional.
El contexto histórico es importante, pero a Safdie le preocupa aún más la humanidad detrás de los imperfectos seres que retrata, tan bien escritos como interpretados. No solamente Chalamet -una decisión de casting absolutamente brillante- está magnífico, también Odessa A’zion y Gwyneth Paltrow aportan un gran magnetismo a sus respectivos personajes, dos mujeres de clases muy diferentes pero ambas atrapadas en una sociedad que de una manera u otra las oprime.
Josh Safdie entrega una muestra de cine audaz y vivo que transforma los códigos del drama deportivo para elevarse como un estilizado y fascinante estudio sobre la ambición y la masculinidad. Pero por encima de todo, ‘Marty Supreme’ es puro disfrute.