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Separar obra y artista: la semana de Rosalía y Timothée Chalamet

Rosalía y Timothée Chalamet tienen algo en común, aparte de su cercana relación con Kylie Jenner y su dominio del francés: esta semana han liado una buena con sendas declaraciones en los medios. Rosalía, durante una charla con la escritora Mariana Enríquez, ha defendido separar obra de artista, y no se le ha ocurrido mejor ejemplo que Pablo Picasso, planteando que solo quien le hubiera conocido en persona o convivido con él tendría potestad para juzgar sus acciones. Y Chalamet, bueno, lo suyo ha sido un poco más divertido: el actor ha dicho en una entrevista que la ópera y el ballet no le interesan a nadie, enfadando a la ópera, al ballet, a Doja Cat y a muchos de sus seguidores.

La indignación ante las palabras de Rosalía y Chalamet ya implica una separación entre obra y artista: admiramos la obra, pero descubrimos que la persona puede expresar ideas cuestionables en entrevistas, e incluso contradecir los preceptos de su propia obra artística.

Es claramente el caso de Rosalía, cuyas palabras parecen poner en duda testimonios de mujeres contra Picasso probados durante décadas, para justificar su consumo artístico. Aquí la separación entre obra y artista me parece especialmente peligrosa: podemos dejar a un lado, olvidarla por un rato, si queremos, cierta información con tal de anteponer nuestro disfrute de una obra, aunque esa información seguirá ahí asomando, pero cuestionar esa información es más peliagudo. Las acusaciones contra Picasso están ampliamente documentadas y lo han estado durante décadas: decir que era un «perla de mucho cuidao» se queda corto.

El asunto de Chalamet es similar, ya que muchos han descubierto con sus palabras que detrás de ese muchacho afable que ven en las películas se encuentra un persona que puede meter la pata en las entrevistas. Aquí, al despreciar públicamente dos disciplinas artísticas que no entiende ni le interesan, solo por ser supuestamente menos lucrativas que el cine. Doja le pone los puntos sobre las íes recién salida de la ducha:

El eterno debate sobre separar obra y artista suele ocuparnos durante un rato, hasta que nos olvidamos de él otra vez. Siempre me ha parecido un dilema extraño, quizá falso o, como mínimo, confuso. Los propios artistas repiten a menudo que cuando lanzan una canción, un disco o una película, la obra deja de pertenecerles y pasa a ser del público. El artista la empuja al mundo para que circule y viva de forma autónoma. En ese sentido, la obra ya nace separada, sin que nadie lo cuestione.

Quizá de lo que hablamos, en realidad, es de separar artista de persona, pero entonces nos damos cuenta de que esta separación es imposible, porque ambas facetas están intrínsecamente conectadas, son la cara de una misma moneda.

Recientemente he recuperado el disco ‘Dangerous’ (1991) de Michael Jackson y, en palabras de Rosalía, «me lo he disfrutado», he apreciado su propuesta artística y sus innovaciones musicales, pero he sido consciente en todo momento del contexto que rodea al cantante. ¿Cómo se puede escuchar ‘In the Closet’ y no caer en segundas lecturas? Este contexto ha influido mi consumo del disco, se ha posado ahí como una sombra, y con Picasso igual: es posible apreciar el Gernika, porque la obra existe por sí misma, pero disociar al autor de la persona es imposible, además de una tarea inútil. Entonces, toca lidiar con la incómoda realidad de que la gente horrible crea obras maestras, igual que las crea la gente buena.

@filonews El Teatro Colón respondió a los comentarios de Timothée Chalamet contra el ballet y la ópera 👉 El actor se hizo viral durante un evento de CNN y Variety junto a Matthew McConaughey. 💬 "No quiero trabajar en el ballet o en la ópera, donde es como: 'hey, mantengamos esto vivo aunque ya a nadie le importe'", dijo. 📣 En ese marco, el Teatro Colón compartió un video de sus propuestas artísticas: "Nos importa, we care ". #TeatroColón #TimotheeChalamet #Ballet #Opera #FiloNews ♬ sonido original – Filo.news

Es en vano separar a Picasso de la persona, igual que lo es disociar a Michael Jackson de las acusaciones por pederastia, a J.K. Rowling de su transfobia o a Nicki Minaj de su deriva ultraderechista. Todos y cada uno de nosotros consumimos arte de personas deleznables por decisión propia, entrando en conflicto con nuestra propia moralidad, y todos y cada uno decidimos hacerlo guiándonos por nuestro propio compás moral, colocando el límite donde consideramos conveniente en el momento. Pongo otro ejemplo personal: detesto profundamente la deriva TERF de Róisín Murphy, pero mi vínculo con su música es profundo y, de momento, cuando me apetece, que es menos que otras veces, la sigo escuchando. No la he bloqueado de plataformas ni he quemado sus discos. Me reservo el derecho a hacerlo, eso sí.

En realidad, las palabras de Rosalía y Chalamet ponen en evidencia esas mismas contradicciones que todos intentamos encajar como un puzzle imposible cuando decidimos consumir cultura de seres humanos a los que no apreciamos. Lo contrario a eso es imponer una censura a nuestro propio consumo, pero esa decisión, aunque loable, sigue siendo personal y subjetiva. La pena es que Rosalía parece incurrir en un discurso algo reaccionario, no sé si muy reflexionado, que parece pretender provocar porque sí, cuando el debate en el centro es otro. Cualquiera puede gozar la obra de Picasso sin dejar de tener en cuenta ciertas cosas que complican su figura. De hecho, debería ser siempre así.

Y en cuanto a Timothée Chalamet, el actor simplemente se ha relajado demasiado en una entrevista y se arrepiente de sus palabras en el segundo cero. Pero quizá la polémica ha servido para que sus fans se quiten las gafas de la admiración y empiecen a entender que Chalamet no tiene por qué parecerse a los personajes que interpreta en las películas.

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Publicado por
Jordi Bardají