Que el nuevo disco de Kim Gordon concluya con una versión actualizada de ‘BYEBYE’ sugiere que la propia Gordon se toma este trabajo como una especie de último coletazo de ‘The Collective‘, su notable álbum de 2024. Y, ciertamente, el repertorio de ‘PLAY ME’ parece empezar por el final de aquel disco, componiéndose de ideas redundantes de su propuesta que parecen descartes.
La nueva versión de ‘BYEBYE’ ironiza sobre la administración de Donald Trump recitando una serie de palabras censuradas por el mandatario como «diversidad», «transgénero», «hispano» o «útero», funcionando como pie de página de la canción original. Irónicamente, es una de las mejores canciones del disco. ‘PLAY ME’ va al grano, pero su frescura e inmediatez saben a improvisación.
Abundan en ‘PLAY ME’ los beats de trap distorsionado no, distorsionadísimo, en cortes destacados como ‘Hands Me’, en los que la voz de Gordon adquiere un tono industrial, o en la agresiva ‘Square Jaw’; mientras otros, como ‘Girl with a Look’, tiran de percusiones motorik o de instrumentación típicamente indie, como en ‘Not Today’. Por desgracia, la diversidad estilística no salva al disco del sopor.
Es posible detectar algo parecido a un gancho en las texturas vocales de ‘Hands On’, en las guitarras hipnóticas de ‘Not Today’ o en la querencia psicodélica de ‘Post Empire’, pero el abuso de los ritmos de trap y el recurso de medio rapear las letras por encima de las bases pierden su gracia rápidamente, sobre todo porque los textos pueden ser críptios y transparentes a la vez, incluso dentro de la misma canción, situándose en un extraño punto medio.
Los conceptos de las canciones pueden ser interesantes. ‘Play Me’, la pista inicial, en un estilo de rap-jazz y trip-hop, está escrita desde el punto de vista de una plataforma tipo Spotify que ofrece un catálogo de playlists típicas de música para poner de fondo, como «chica rica popular» o «relajándome después del trabajo». En ‘Dirty Tech’, la ex-integrante de Sonic Youth se pregunta si su próximo jefe será un chat de inteligencia artificial, y en ‘Subcon’ ridiculiza a los tecno-bros y su obsesión con Marte.
Pero otras pistas, como ‘Post Empire’, parecen lanzar frases llamativas de manera aleatoria sin que resulte claro su significado («Post empire / Say anything, get what you want / Elastic privilege / Plastic privilege»), mientras que el juego de palabras de «You don’t trump me, I trump you» en ‘Black Out’ no resulta muy ingenioso. A pesar de los detalles interesantes en producción, sobre todo el ruido distorsionado, ‘Play Me’ no cumple su cometido de denunciar el «creciente fascismo».
Kim Gordon no está obligada a ser absolutamente literal; simplemente, las canciones de ‘Play Me’ no son elocuentes ni siquiera en lo directas que son, resultando en general un compendio de frases lanzadas sobre las bases que, más que analizar estado del mundo actual, se conforman con comentarlo con una ironía desganada. Sobre todo, la inspiración se va estrechando cada vez más, pareciendo efectivamente la segunda parte de ‘The Collective’, pero sin la chicha de aquel disco.