Por primera vez en su carrera, Puma Blue hacía parada en España, con fechas en Madrid y Barcelona, para presentar su último y gran trabajo, ‘Croak Dream’. Mucho ha tardado en venir a nuestro país, pues si algo se demostró en el concierto en Café Berlín esta semana, con entradas agotadas, es que el londinense tiene un buen puñado de fieles seguidores.
El artista salía al escenario entre un mar de humo y luces rojas, acompañado de sus cuatro músicos. Enseguida, acercaba un walkie-talkie a su micrófono, generando un desasosegante siseo, que daba paso a las primeras notas de la muy Radiohead ‘Croak Dream’. Si algo caracterizó la velada fue, sin duda, el ambiente atmosférico que implantaron desde el principio, sumiendo a la audiencia en un estado de trance del que era difícil desentenderse. La voz andrógina de Jacob Allen emergía como un arma seductora y sugerente; su peculiar falsete brillaba sobre unas composiciones cargadas de capas y capas de sonido.
El setlist alternaba indistintamente tanto canciones de su último disco, como de sus anteriores proyectos (aunque no hubo espacio para su debut en formato largo ‘In Praise of Shadows’). Pese a las ligeras diferencias estilísticas que hay entre ellos, el artista supo adaptar cada una de las canciones a las tonalidades psicodélicas trip-hoperas de su álbum más reciente, haciendo que todo sonara como si perteneciese a él. La sensación era como la de asistir a un concierto en el Roadhouse de la tercera temporada de Twin Peaks
. Tal era el nivel de inmersión que generaba, que Allen no se dirigió al público hasta bien entrados los 40 minutos de espectáculo.Cuando lo hizo, la gente se animó más, pero las interacciones posteriores del artista con la audiencia siguieron siendo tímidas. El único objetivo era conectar a través de la música. Y se cumplió con creces, no solamente gracias a la presencia del cantante y guitarrista, sino también al buen hacer de su banda, que sacaban oro de sus respectivos instrumentos: bajo, batería, sintetizador, teclado y saxofón. Los momentos más poderosos de la noche estuvieron reservados precisamente a los pasajes puramente instrumentales. El saxo en ‘Oil Slick’ y en ‘Jaded’ sonó particularmente glorioso.
Para el final, el británico se guardó algunas de sus canciones más queridas, pertenecientes a EPs y singles sueltos que salieron entre 2017 y 2018, como el bedroom pop con toques jazz de ‘Moon Undah Water’, o su tema más popular hasta el momento, ‘(She’s) Just a Phase’, tras el que se retiró del escenario. No tardó en volver a salir ante el calor de los asistentes, que le hicieron sentir en todo momento muy arropado, mandando un mensaje claro: Madrid no puede faltar más en las próximas giras. El jazz rock de ‘Bruise Cruise’, de su EP ‘Blood Loss’, puso el broche final a un concierto de un marcado carácter sensorial, de esos que invitan a olvidarse de todo y simplemente dejarse llevar.