Jamás conseguir una entrada para un concierto fue tal infierno. Ni ofreciendo 12 conciertos en España, 10 en Madrid, y un par más en Lisboa, Bad Bunny satisfizo la demanda del público español. Yo en principio no conseguí entrada, un colega consiguió una suelta para el día 2, mi pareja una suelta para el día 14, una amiga otra suelta para el día 6… quiero decir que a este tour de Bad Bunny no se va cuando se quiere ni con quien se quiere, sino en soledad y cuando se puede.
Si la carrera de Benito Antonio Martínez Ocasio ya estaba enfilada desde el principio, la locura ha sido ya total especialmente desde ‘Un verano sin ti’ y este último disco, ‘Debí tirar más fotos’, 8 veces platino en nuestro país, y sumando: aún es top 3 un año y medio después de su edición. Si es que no reescala al número 1 con motivo de esta visita.
El show de presentación de ‘DTMF’ es exactamente lo que imaginabas dado el protagonismo de los instrumentos de viento en este último álbum. Si en el disco Benito daba voz a jóvenes músicos de entre 18 y 21 años de la Escuela de Música Ernesto Ramos Antonini, sita en San Juan, Puerto Rico, una portentosa banda le acompaña en la primera parte del set. Es ahí donde evidentemente van a sonar los temas más salseros, ‘Baile inolvidable’ y esa ‘Nuevayol’ que no sonará en Nueva York mientras gobierne Trump y exista el ICE, acompañadas de viejos éxitos como ‘Callaíta’. Esta, en segundo lugar, levanta al estadio, si es que alguna vez estuvo sentado. Ni un alma quedó sin corear aquello de «Si hay sol hay playa, si hay playa hay alcohol / Si hay alcohol, hay sexo, si es contigo, mejor».
El sonido no acompaña en el Metropolitano, como por otro lado es habitual, y en verdad escucharemos mejor a Benito en la segunda parte del set, cuando tras un incómodo interludio de silencio, el artista se traslada a lo que se conoce como «La Casita», un segundo escenario al otro lado del estadio por el que suelen pasar famosos e influencers, y en cuyo tejado termina interpretando algunas canciones.
Ester Expósito, Ana de Armas, Martiño Rivas, Chiara Ferragni, Marta Ortega y algunos futbolistas fueron los invitados este sábado, mientras el domingo fue el turno de Los Javis y Judeline. Es en esa parte del set que suenan éxitos como ‘Tití me preguntó’ o ‘Yo perreo sola’, antes de que salte a escena el invitado sorpresa de la noche. El sábado Myke Towers pudo interpretar algunas de sus canciones, a destacar la fiesta desatada por ‘LALA’. 50.000 personas cantando sobre una comida de coño. Solo en un concierto de reggaeton.
O algo similar. Porque hace tiempo que las canciones de Bad Bunny saltan de un género a otro incluso dentro de la misma pista. En ese sentido ‘Safaera’ no podía faltar, representativa del sonido de esta década de los 20 y pionera como pocas. Como tampoco podía faltar la sencilla ‘Café con Ron’ con Los Pleneros de la Cresta, otra de las canciones que encapsulan el espíritu de esta gira: la fiesta latina, la alegría inherente de su cultura, la celebración con los demás, el baile incluso con gente que no conoces. En un momento dado Benito anima a «amarnos a nosotros mismos tal y como somos», a «olvidar el rencor del pasado». Todo su concierto pretende ser un oasis en este mundo de mierda, y lo consigue con creces.
La entrega del público es total cuando, de vuelta al escenario principal, suenan los últimos hits: ‘Ojitos lindos’ y sobre todo ‘La canción’ no pueden ser más emocionantes. Se acuerda de ‘Dákiti’. Cierran ‘Debí tirar más fotos’ y ‘EoO’ en plan bis.
El tedio solo cabe en el set cuando Bad Bunny pasa unos 15 minutos saludando a fans desde «La Casita». Y aun entonces es bonito ver cómo Benito abraza a un joven que no puede parar de llorar. Sin grandes trucos escénicos ni la pirotecnia de un concierto de diva pop, incluso resultando austero en ese sentido, este tour de Benito se ampara en la grandeza de su repertorio tras una década de carrera. Esto siempre fue de canciones. De hits. Y Benito tiene ya para completar hasta 3 horas de concierto.