Música

La nostalgia de The Offspring y la cumbia de Ilan Amores conquistan Río Babel

¿Sabías que Dexter Holland, cantante de The Offspring, es doctor en biología molecular por la Universidad del Sur de California? ¿Y que dio la vuelta al mundo tras estar 10 días volando en solitario en 2004? Lo bueno de atraer a un público de nicho a tu festival es que, además de aprender algunos datos curiosísimos, te aseguras de que no va a faltar ambiente a ninguna hora de la tarde.

A las 20h, el fiestón ya está montadísimo en el escenario pequeño de la mano de Eskorzo, mientras que en los escenarios principales Irepelusa regala vibras veraniegas a la vez que reivindica la cultura venezolana. Al comenzar el concierto de Molotov, la zona principal está a rebosar. El primer día a la misma hora el panorama era completamente diferente, y así se lo gozan Micky (bajo), Randy (batería), Ayala (otro bajo) y Álvaro (guitarra) para cuando empiezan a tocar ‘Amateur (Rock Me Amadeus)’.

Desde antes de comenzar el concierto, estaba claro que lo que más esperaba el público es la canción ‘Puto’, la cual no paran de pedir durante la hora y media que dura la actuación. Al grupo mexicano, sin embargo, le da un poco igual la insistencia. Ellos han venido a divertirse y poco más.

Obviamente, estamos hablando de un grupo histórico. Molotov está celebrando sus 30 años de carrera y, en la primera mitad del set, la realidad está a la altura de su reputación. Son totalmente incendiarios con temas como ‘Chinga tu madre’ o ‘Pendejo’, políticamente relevantes con ‘Frijolero’ o ‘Gimme The Power’ y abrazan su vertiente más rapera con ‘Molotov Cocktail Party’. Son como Cypress Hill si fuese una banda de rock, pero bastante más impresionantes.

Ainhoa Laucirica

En un momento dado, demuestran cómo equilibrar la juerga con la maestría musical cuando Micky decide que le apetece bajarse a bailar con el público durante ‘Here We Kum’. En el siguiente tema, lo hace el guitarrista. Al siguiente, el batería se cambia de instrumento con Ayala porque va a rapear. Después, el batería coge la guitarra. Después, el bajista que no había estado en la batería se encarga de ella. Ahora el guitarrista es bajista. Entonces, el bajista se cambia con él y ahora el guitarrista es batería. Es un lío, lo sé, pero así se sentía verlo en directo. Da gusto ver una banda así de sólida y compenetrada.

Sí es cierto que el concierto decae después de la mitad del set, pero tiene explicación: ya han tocado sus canciones más conocidas. Tiran hacia delante con una cover de ‘La Grange’ de ZZ Top y su cumbia marciana particular, pero ya se está haciendo un poco bola. Más adelante en la jornada, The Offspring demostraría que se puede hacer un concierto de hora y media trepidante en todo momento.

Creo que desconectar en mitad de un concierto es algo bastante común, sobre todo si es de un grupo al que no conoces demasiado. Cuando estás en esa situación necesitas algo a lo que anclarte más allá de la música. Necesitas algo de corazón, por ejemplo, o de actitud. A Ilan Amores ambas le sobran. El cumbiero punk argentino se planta en el escenario con nada más que una guitarra y un DJ que pincha la base y toca el güiro, sin ningún efecto en su voz, que ya de por sí es muy especial. «No sé que hago en Madrid cantando esto para ustedes, ni cómo se saben las canciones, no sé en qué momento pasó esto», soltó visiblemente emocionado.

Temas como ‘Caballo Negro’ o ‘Con la misma piedra’ comienzan con nada más que Ilan y su guitarra, guardándose la euforia de verdad para cuando se pincha la base de cumbia. Este último tema tiene una letra preciosa, que habla sobre «aprender a vivir de tanto tropezar con la misma piedra» y que Ilan interpreta con el corazón en un puño. «Trabajé toda mi puta vida para verle la cara a ustedes hoy», grita con la energía más cruda y real de la jornada, y seguramente de todo el festival. Todo lo que me hace sentir el argentino, se me desvanece con Chiquita Movida. Son dos sensaciones totalmente opuestas.

Aldara Zarraoa

El nuevo grupo de Rayden, en el que actúa de vocalista junto a Mediyama y Skiz Siete, es como el chaval inocente que invitan a la fiesta de los gángsters. Vengo de que un cumbiero tatuado me rocíe con cerveza y ahora me están pidiendo que abrace del hombro a la persona que tengo al lado porque «lo más difícil en la mediana edad es quedar con los amigos». Mejor dicho, se lo piden a los fieles que viven con energía el concierto en las primeras filas.

El concierto de Chiquita Movida te gustará si te gustaba lo que proponía Rayden en los escenarios, pero con un punto más bobalicón que está buscado. El grupo no se toma demasiado en serio a sí mismo, y aunque a veces puede resultar un pelín cargante de más, creo que es una buena decisión. Sin embargo, llevar a un escenario trends de TikTok, como el de decir las palabras al ritmo de la música durante ‘Sad Men Moustache’, está destinado a espantar a muchos oyentes.

Eso sí, de su música se pueden decir muchas cosas, pero es innegable que el artista de Alcalá de Henares es un experto en tratar con el público, incluso en las situaciones más desfavorables. Por ejemplo, cuando la mayoría de la pista de tu show está esperando que llegue The Offspring.

Esto me sorprendió muchísimo. En mi percepción de chaval veinteañero, veía al grupo californiano como dos o tres escalones por debajo de Green Day en cuanto a popularidad, pero si ayer no hubo un llenazo en el Auditorio Miguel Ríos, se quedó muy cerca. No solo es que la gente estuviese presente, sino que se sabían absolutamente todas las canciones. En el ambiente se notaba que muchos estaban esperando ver uno de los conciertos de su vida, aunque fuese puramente por la nostalgia.

Ainhoa Laucirica

The Offspring solo tienen bangers para el público de Rivas, uno tras otro. Antes de darte cuenta, dos esqueletos hinchables gigantes aparecen en el escenario. Esto es un pequeño adelanto del despliegue de medios que fue el concierto, desde los inflables de gasolinera hasta las decenas de pelotas de plástico que soltaron en ‘Why Don’t You get A Job?’. Igual que yo estaba flipando con la entrega del público, igual se sentía la banda, que dedicaba cada descanso a expresar lo agradecidos que estaban: «Puede que sea el público más ruidoso para el que hemos tocado en esta gira», dijo Holland.

Después de la sección inicial de hits, que incluyó temas como ‘Come Out And Play’, ‘All I Want’ o ‘Want You Bad’, la banda dio comienzo a una parte que, aunque representa un parón bastante tocho en el flow del concierto, también resulta muy divertida. Holland habla con Noodles, el guitarrista, sobre «la familiaridad» y el hecho de tocar «un poco y que empiecen a cantar». Proceden a demostrarlo con el riff de ‘Paranoid’, pero eligen ‘Crazy Train’ para realizar la versión completa.

Toda esta parte la culminan con unas declaraciones cuestionables: «La gente no se da cuenta de lo punk que es Taylor Swift en realidad». La cover de ‘Love Story’ no estuvo mal, y el público pareció disfrutar, pero Holland pecó de ambición al pedir un muro de la muerte con Taylor Swift. No cuajó demasiado.

La recta final fue uno de los mejores momentos de esta edición de Río Babel: ‘Pretty Fly (for a White Guy)’, ‘The Kids Aren’t Alright’, ‘You’re Gonna Go Far, Kid’ y ‘Self Esteem’, una detrás de otra. Por unanimidad, basándome en cómo lo vivió el público, el concierto de The Offspring fue el concierto del día. La banda californiana estuvo una hora y media en el escenario, igual que Molotov, pero parecía que había durado la mitad. Eso no te lo da ningún doctorado.

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Publicado por
Gabriel Carey