Música

Lambchop / Punching the Clown

De una forma muy Lambchop, ‘Punching the Clown’ comenzó con Kurt Wagner oyendo una canción en la radio mientras conducía de noche: ”un banjo rasgueado con un único acorde minimalista y un pequeño grupo de voces”. Sus posteriores intentos por averiguar qué era aquello fueron inútiles, pero la búsqueda le llevó a descubrir el “lined out singing”, una forma de canto gospel a capella surgido en Escocia en el siglo XIX, y que fue una de las raíces del gospel y el country cuando los inmigrantes escoceses se establecieron en los Apalaches.

‘Punching the Clown’ es, pues, inusualmente parco y minimalista en lo musical: la voz de humo líquido de Wagner se acompaña simplemente de la guitarra acústica de su co-compositor Andrew Broder y el banjo de Justin Vernon. Y como elemento fundamental a la hora de aportar distintos colores (y una capa de espiritualidad), la presencia de, no ya uno, sino dos coros de “lined out singing”: grabados en Londres y Wisconsin, cada uno aportando tonalidades más célticas o más apalachianas según el caso.

Son armonías de voz inusuales, bellas pero crudas. Sin el refinamiento al que estamos más habituadxs, de la escuela de los Beach Boys, los Beatles o el doo wop, la forma en la que se superponen las melodías evoca aquí algo más primitivo y enigmático. Y es una crudeza que encaja perfectamente con la rugosidad de la voz de Kurt Wagner y que dota a todo de un halo de antigüedad, cercano a lo que el crítico Greil Marcus llamó “Old Weird America”: un país imaginario pre-siglo XX en el que habitaban personajes extraños, predicadores, forajidos y fantasmas. La América rural, oscura y excéntrica de las baladas de crímenes, y canciones sobre catástrofes que recogen las antologías de canción tradicional americana o que recuperaban las Cintas del Sótano de Bob Dylan.

Es un contexto sonoro-lírico particularmente idóneo para alguien como Wagner, cuyas letras son con frecuencia flujos de pensamientos sin ordenar que combinan el absurdo de la vida cotidiana, observaciones inesperadamente punzantes o melancólicas, frases oídas y capturadas al vuelo, o pinceladas de personajes oscuros o estrambóticos.

El resultado es enigmático o confuso dependiendo del gusto de quien escuche: en ‘Just West of Nicolett’ se dice que hay “algo en Minnesota que lo hace el sitio más salvaje nunca visto” pero –inquietantemente– nunca se nos revela qué es. ‘The New World Wave’ parece querer retratar a unos tales “Loretta, Harry y su hijo Conrad” para dar un inesperado giro a la primera persona, una voz cantante que declara que quiso ser profesor “pero no encontré trabajo… / qué desperdicio, en 1929”.

Si eres fan de Lambchop conoces ya este impresionismo lírico, y en vez de sentirte confusx apreciarás que las referencias a lugares de los EE.UU, a décadas pasadas, a Lázaro, o a surreales perros de tres patas, dejan el espacio suficiente para que tu imaginación haga el resto, evocando ese pasado bizarro estadounidense, que combinado con imágenes más actuales lo renueva en cierto modo hacia una especie de “New Weird America”.

En este contexto, las referencias al clima civil actual en los EE.UU. sí aparecen más claras, si bien de forma sucinta: cuestionamientos (“Mixed feelings about the parade / America on mute”), apoyo al inmigrante y oposición al patriotismo (“Here’s to the health of the migrant worker / Singing un-American tunes”) o rechazo del integrismo religioso (“Those Roman Catholics / Think they’re fantastic / If you don’t like it / Then just say so”).

Musicalmente hablando, estamos ante una docena de canciones características del canon Wagneriano: las melodías rara vez son redondas, pero no acudes a Lambchop en busca de bangers, sino de un gusto adquirido con las escuchas. Y de eso hay, y de sobra. Brillan especialmente el retrato moribundo de la preciosa ‘Weakened’, la conmovedora y gospeliana ‘White People’ o la ternura folk de ‘Andrew Jackson Asshat’. La sección final, con ‘Cigar’ y ‘To Do’, destaca especialmente por su sencillez y emoción.

Adicionalmente, los ocasionales bajos, castañuelas y zanfoña, junto con puntuales pinceladas de mínima electrónica alivian y aportan variedad a la parquedad acústica del disco.

Para una banda en su cuarta década de existencia y que ha explorado el soul orquestal (‘Nixon’), las piezas de piano íntimo (‘Is A Woman’), y hasta el folk con auto-tune (‘FLOTUS’), esta nueva aventura en pos de reducir su lenguaje musical a su mínima expresión es ciertamente admirable. Quien esté abiertx a su austeridad y encanto sutil disfrutará enormemente.

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Publicado por
Jaime Cristóbal
Tags: lambchop