Traductor automático, dejando a @apo sin trabajo
Querido 8Uno53, no sé como te llamas, ni sé de dónde eres. No sé si tienes mujer, si tienes compañero, si tienes hijos, padres, hermanos. No sé en qué en torno has crecido, ni vivido. De tú sé muy pocas cosas, pero muy profundas: se el color de tus ojos, de un marrón tierno, de borró de encina: nos miramos a los ojos un buen rato. A mí se me hizo muy larga. Y a tú? No lo parecía. Sonreías y me insultabas en voz queda, como antes habías hecho con mi hija, cuando lo arrastrabas por tierra, enganchándola por los cabellos. Tu sonrisa debe de ser el mismo que usas para besar el frente de tu madre, los labios de tu compañero. De tú conozco la fuerza que despliegas cuando dejas caer la porra encima del cuerpo de una persona indefensa. Me hovas hacer un montón a veces. Lo hiciste bien, con precisión: tengo la espalda, las nalgas, el brazo lleno de hematomas, una herida abierta a la omòplat. Me arañaste con algo puntiaguda en la mano, cuando miraba de protegerme. Lo hiciste bien, disfrutando del trabajo. Me lo dijiste, recuerdas? Te pregunté si te gustaba pegar gente indefensa y me dijiste que a nosotros nos lo harías una y mil veces. Detrás tuyo, un oficial de tu unidad como aquel a quién pedimos que nos mostrara la orden judicial y nos dijo que sí, que ahora nos lo enseñaba, pero dio la orden que nos estossinéssiu, aquel oficial valiendo, detrás tuyo, nos retaba, también sonriente, porque lo fuéramos a encontrar. Mientras tanto mi mujer, a quien también hicisteis daño, recogía de tierra mi hija: había perdido las ojeras, lo habíais cogido por la nariz, le habíais dicho puta, zorra... mi hija tiene veinte años, juega a bàsket, hace voluntariado, estudia relaciones internacionales. Y tu hija, como es, que hace?
Hicisteis bien vuestro trabajo. Os gusta. Entrasteis a la escuela Dolors Monserdà y salisteis con tres urnas. Os abrazabais. Algunos de los policías nos enseñaban el dedo del medio. Hacían muy bien su trabajo. Otros, muy profesionalmente, todavía tenían tiempo de zurrar algunas personas más, para proteger la convivencia, se entiende. Mientras tanto, tú me mirabas, y yo te miraba. Me acerqué todavía más a tú. Casi nariz contra nariz. Volviste a desenfundar la porra. Muy lentamente te enrollaste la nansa a la muñeca y me dijiste, atrás. Entonces os dieron la orden de retirada. Dejaste de sonreír. Sentí por tú un desprecio profundísimo, lo admito. Y me sabe mal. Me habías hecho daño. Habías hecho daño a mi familia. A mis amigos. A la gente que cómo nosotros hacía cola en una acera de Barcelona, ante una escuela. Te imaginas que esto t`hubiera pasado a tú?
Pero ahora comprendo más cosas, 8Uno53 y te tengo que hacer justicia: escuché el mensaje del rey Felip. Él, como tú, tiene la mirada profunda, fría. De él conocemos la vida pública, y un poco de la privada. Sabemos que ha sido educado en los círculos de la élite madrileña. Sabemos que tiene una sólida formación militar. Sabemos que le gusta hacer deporte. Que tiene mujer e hijas. Que ha tenido problemas graves en casa. De vez en cuando viene a Cataluña, y hace el esfuerzo de hablar en catalán (cuando habla en inglés lo hace sin esfuerzo). El rey fue desgraciadamente injusto con los que fuimos a votar para decidir nuestro futuro, y abrió la puerta a aplicar el artículo 155 de la Constitución. El rey tiene miedo, y se escondió detrás vuestro, como el oficial que nos retaba. Él, que a través de su malaguanyat padre encarna la Transición democrática, el otro día representó el podriment definitivo: ponerse la Constitución a la boca cuando se han cerrado webs, se ha violado correo, se ha prohibido el derecho de reunión; cuando la orden de un interventor general ha bloqueado a la práctica la autonomía financiera, cuando se han incomplert de manera reiterada los artículos adicionales del Estatuto sobre inversiones en Cataluña, cuando los poderes del Estado han hecho lecturas del Estatuto explícitamente más restrictivas que la que hacen a los estatutos otras autonomías; cuando se ha declarado inconstitucional la inmersión lingüística, pilar, ella sí, de nuestro modelo de convivencia, es infame. Tu odio hacia mí, hacia todos nosotros, 8Uno53, viene de arriba. Por eso te perdono. Te manipulan. Me lo ha hecho entender Alfonso Guerra hablando de los catalanes. Desde el colegio, hasta la escuela de policía; desde tus oficiales hasta el mismo rey Felip: todos te empujan al odio. Tanto que al final acabas arrastrando por los cabellos mi hija y das la vuelta en el mundo mostrando el tipo de España a la que el rey nos quiere ligados. Te planyo y te perdono 8Uno53. El día que quieras, te invito a comer. Salud!