Es que no os enteráis. El mero hecho de desear con toda tu alma ser catalán, por mucho que tus padres sean extremeños, gallegos o andaluces, no influye para nada en manchar tu estirpe genética:
Cuando te conviertes en independentista de alma y corazón, tus cadenas de ADN sufren una mutación que hace que se te ponga cara de Oriol Junqueras, de Carme Forcadell, Anna Gabriel Sabaté o de Carles Puigdemont, los miembros fundadores de las cuatro casas de Catalonia. Y por tanto que adquieras su ADN.
Es como la araña que picó a Spiderman, pero con veneno de dragón de Sant Jordi, que calma tu complejo de inferioridad por tener sangre de un país bárbaro y apacigua tu ser por lo que está por venir. En este momento, rompes con tu antigua raza y empiezas una nueva dinastía de pureza con tu apellido.
Ya no eres Nuria Perez, ahora eres NÚRIA PÈREZ I de tu estirpe.