Lo del Govern ayer fue un "de perdidos al río". Sabían que con o sin DUI no iban a ningún sitio salvo al paro, así que hoy están igual que hace dos días pero sin nómina.
Eso sí, si algo bueno sacamos del día de ayer fue el concepto "paella masiva insumisa", que me sulibeya. No veo el momento de que llegue el 21-D para conocer la receta del arroz a la CUP.
En cuanto a la gente de la calle, el día después de celebrar la independencia y que no te la reconozca nadie en el mundo debe ser como una mala resaca, un "y ahora qué?", un "dónde he puesto yo el ibuprofeno y como pego de nuevo el DNI español que corté con las tijeras en pleno subidón?". Pero ellos tenían ganas de celebrar. Ellos sí.
Anoche por la calle una señora mayor me saludó sonriente con un "Visca la Republica!", en plan coleguilla para generar vínculo. Le devolví una mirada glacial que se agrió la leche en tres calles a la redonda, y la señora bajó los ojos consternada como si se hubiera cruzado con una cabra negra satánica caminando sobre dos patas.
(pero como en el fondo soy una persona bondadosa, nada rencorosa y que apuesta por la conciliación y el diálogo, luego me tiré a un indepe súper mono. Porque yo me debo al diálogo entre España y Cataluña).
Pero a lo que vamos, que se nos vienen encima semanas de protestas, pataleos, victimismo y comparaciones ridiculas con la opresión franquista, para al final nada.