Esa es la clave, ya sucede. El Estado considera que una autopista ha de pasar por donde está construida legalmente tu casa y pasa. Fin del tema. Cosas del bien común, y casos de expropiaciones lamentables conoce todo el mundo.
Alberto Garzón utiliza, de forma inteligente (no todo lo que salga por su boca van a ser perogrulladas), un artículo de la Constitución para demostrar que cosas consideradas el súmmum de lo comunistoide están en nuestra carta magna.
Dice mucho de la clase política que la mayoría de la gente se escandalice o le choque. Al fin y al cabo estas cosas crean cierta división incluso entre la izquierda, no conviene airearlas mucho. Que gente como Garzón las airee no es precisamente con un afán ocioso, sino para que nos acostumbremos a ver como normal aquello que visceralmente no nos gusta demasiado.
Bien por él, por ser sincero. Mal por los otros.
Aunque yo, particularmente, le digo un #NOGRACIAS como la wamba de la catedral de Oviedo.