La respuesta es esa, pero se me ocurren dos dilemas:
1. Si no pueden hablar, no pueden acordar esa manera de actuar. Los utilizamos como piezas de ajedrez y pensamos nosotros por ellos, ergo no es real. ¿Se supone que tenemos que acordar ya de antemano todos los mortales cómo actuar ante tal situación?
2. ¿Quién es tan HDP de andar amenazando de muerte a alguien y que ese alguien se puede salvar si acierta algo? ¿Y cómo acaba la cosa si se salva? -Ay, me alegro de que no hayas muerto, fíajte qué bien. Pero sin rencores, ¿eh? Y responde el otro: -Ah, gracias, jo, de la que me he librado.