Yo tenía un hamster que se llamaba Rodrigo y mi abuela lo asfixió post-mortem. El pobre se escapó, se quedó flotando en el fregadero lleno de agua y mi abuela, que no hacía mucho que le habían operado de cataratas, lo confundió con el estropajo. Pero además dos veces, porque luego se le olvidó quitarlo y volvió a repetir la macabra maniobra.