El problema es que el ser humano no puede valorar algo sin una referencia y, por tanto, es subjetivo.
En filosofía se habla del valor de ser o existir, y se relaciona con el valor de la complejidad.
Cuando valoramos cualquier producto, se tiene en cuenta el valor de producción, y en la naturaleza sin embargo no se valora así (porque no podríamos ni pagarlo), porque su valor de producción es inabarcable para el ser humano. Por eso se recurre a valorar cuanto costaría "reproducir sus bienes" o "devolver al estado original una vez degradado", porque tenemos que poder valorarlo con referencia a eso, no por su propio valor. Pero se suma otro problema, y es el valor que tendrá en un por futuros usos o servicios que puede darnos y que aún no conocemos, por ejemplo, una planta.
Que tiene valor intrínseco es innegable, el problema es saber cuánto es.