Vengo a declararme adicto. Recuerdo noches en una cervecerÃa de Alonso MartÃnez, en los tiempos de las video gramolas, repitiendo en bucle Sans contrefaçon, y ganándome el odio de todo el personal.
Flipé en la exposición de Gaultier en la Mapfre, viendo el vestido "ecorché", que ya hace falta valor para ponérselo.
