Vamos a suponer, y no es exonerar a nadie, que lo único cierto sea que éste haya tenido "un encuentro con ocho" y como aquella cría que se tatuó la cara y luego echó las culpas al tatuador porque dijo que estaba inconsciente (y lo que no quería es que sus padres la encerraran de por vida), pues le haya dado por decir lo que ha dicho. A poco que los inspectores hayan rascado habrán encontrado incongruencias y el chico se habrá derrumbado.
Yo creo que con veinte años uno es muy consciente de las consecuencias legales que esto genera, y de las consecuencias muy graves en la opinión pública. Que muchos en el colectivo hemos dado por cierta su versión. Que han dado la cara por él y ahora los medios de derechas en revancha se las están partiendo que se corren de gusto...
¿Esto es ser joven hoy? A mis 20 hacía locuras, por supuesto, pero jamás de este calibre. Cómo están las cabezas...