El «ojo patio» permitía que las cocinas, los aseos, las habitaciones interiores o sin miras a la calle y los pasillos tuvieran luz natural. Incluso la existencia de estos espacios permitía a los familias tender la ropa recién lavada en tendedero interiores para que se secara.
Me encantan los artículos que no dicen más que obviedades. Como si además los patios de luces fueran reliquias arcanas de las que nadie hubiera oido hablar hoy en día.