Me genera unas náuseas tremendas lo que estoy viendo con el contenido y la promoción del nuevo disco de Nacho Vegas. En todas las entrevistas de la gira y en la mayoría de las canciones se le llena la boca hablando de represión, de exilio y de la disidencia política, llegando incluso a emocionarse en charlas públicas cuando toca el tema.
Sigue explotando esa identidad que ya dejó clara en sus letras anteriores.
En “Fíu” presume de que gracias a su madre, Cristina Vegas, "En mi familia somos de izquierdas, rojos, progres, comunistas... Rojo internacionalista soy por dentro y por fuera." Usa la herencia política de su madre y de su familia (hasta de su padre, su “ángel Simón”) como un sello de autenticidad para que compremos su "compromiso" y su aura de artista torturado por el sistema.
Pero luego vas a Instagram y la realidad te pega en la cara: el tío dándole las gracias a Amazon Music con menciones y corazoncitos rojos solo porque lo han elegido como disco indie de la semana. ¿En serio? ¿La lucha de clases y la justicia social terminan donde empieza el algoritmo de Jeff Bezos? No se puede ser el azote del capitalismo en los conciertos y luego comportarse como el vasallo más agradecido de la corporación que simboliza precisamente la precariedad y la destrucción del pequeño comercio.
Y el no va más es que se marca una colaboración con Moderna de Pueblo para presentar el disco. Pasar del discurso del "exilio" y la "represión" a la estética de marca más comercial, complaciente y 'cuqui' del país es, sencillamente, reírse de cualquiera que se tome en serio su mensaje.
Al final, la revolución de Nacho es de puro escaparate: anticapitalista en el discurso para emocionar a los fans y hacer amigos (que no siempre novias, que si hace falta se las busca del PP), pero patrocinado y validado por el gran capital en la vida real.
El sistema a él lo reprime, lo patrocina. Él no zarandea al sistema, lo alimenta. Y aún hasta incluye clips de voces de gente que ha pasado por prisión o por el exilio en esos “interludios” del disco.
Inoculando pesimismo y pegándose la gran vida (a su manera).
La puntita del iceberg:
