Ayer le hice el favor a un amigo que estaba de viaje de acercarme a por un envío que le llegaba a uno de esos puntos de recogida que hay ahora por todas partes.
El punto en cuestión estaba en una tienda de discos un tanto de nicho, en la que yo mismo había comprado unos cuantos cds en mi época.
Al entrar yo, salía otro chico de recoger un paquete. Dentro, entre los expositores de cds y los paquetes de UPS, una pareja estaba hablando con la encargada sobre un envío que habían devuelto erroneamente. He mirado en google las opiniones y todas son en plan: "El servicio de recogida de paquetes de Amazon (y otras webs, supongo) es fantástico".
El tiempo es lo que tiene. Internet les retiró el firme bajo los pies y a cambio les dio una vía para (más o menos) subsistir, pero qué jodidamente tristes son a veces estas cosas.