Menos mal que el resto de nuestras leyes, gracias a Dios, sí son perfectas, y han permitido que no existiese el terrorismo de estado, que encerrásemos a los culpables de 2008, que metiésemos en la cárcel a M. Rajoy, que la ciénaga de Aguirre fuese drenada, que a Oltra no se la acusase en falso, que los responsables del YAK 42, el Alvia o Metro Valencia estén entre rejas.
Menos mal que las leyes que sí son perfectas han evitado la persecución a Rosell, Alberto Rodrígez, los titiriteros, los artistas, los raperos, los cantantes, los humoristas...
Menos mal que las leyes hechas como Dios manda han evitado que abogados cristianos se aprovechen del sistema judicial, menos mal que las leyes bien hechas han conseguido que cuando se pegan a alguien por maricón quede claro que lo de llamarte maricón sólo son chiquilladas.
Menos mal que las leyes bien hechas evitan que los guardia civiles trafiquen, que los policías se aprovechen de su autoridad o que todos podamos hablar libremente sin ley mordaza.
Menos mal que las buenas leyes metieron en la cárcel a los asesinos de Couso, o a Aznar tras llevar al país a una guerra que nadie quería
Menos mal que en este sistema perfecto alguien se dio cuenta de cuán mal está hecha estaba esta ley en concreto y hemos evitado que toda perfecto e infalible sistema democrático y judicial se fuese por la borda. Y menos mal que nunca, nunca, nunca es fallo de los jueces...
Perfecta es una indemnización en diferido en forma de paparruchas, perfecto es que ni te llamen los tribunales por ello. Perfecto es que te puedas lucrar de una pandemia o que te puedas relacionar con narcotraficantes y aun así aspirar a ser presidente del gobierno de este, nuestro país, tan grande, garante y libre.