DRMX tiene que entenderse en su empeño por diferenciarse de La Más Draga.
En cinco temporadas, LMD ha superado deficiencias de producción y, ahora mismo, está en un punto raro entre lo artístico y las personalidades polémicas más propias de reality chungo. Pero, a mi gusto, sigue teniendo muchas cosas valorables: la diversidad, el peso de las pasarelas, sin chistes baratos guionizados, y la devolución de los jueces, que suele ser más o menos argumentada.
El casting de DRMX me parece el correcto para una primera temporada: equilibrio entre el transformismo clásico, reinas ya conocidas por su paso por LMD y otras competencias, y otras más novedosas. Pero como suele ser tradición, las más rarunas no la dan y se las ventilan a la primera de cambio con la magia de la edición y el relato.
Además el fandom mexicano es muy intensito, por decirlo suavemente. Imagino que DRMX ha optado deliberadamente por un producto blanco, sin salseos ni polémica, reproduciendo el formato original hasta la última coma. También porque es lo que esperaban los que idolatran la franquicia. Pero se me hace que no funciona, en tanto se cargan la propuesta y la personalidad de las participantes haciéndolas pasar por su turmix.
El combo Valentina - Lolita tiene cierta química, que a veces aprovechan (me gustan las miradas que se tiran cuando salen a la pasarela) pero las mata el guion. A Óscar Madrazo lo tienen de mero mueble, me da penita. Y los jueces invitados tampoco lucen.
La final de DRMX parece clara: solo queda ver si se cargan a alguna de las veteranas por el camino. A quién acaben coronando... pues dependerá si prefieren arriesgar o tiran por lo convencional.