En esta portada me gusta pensar que coinciden por un lado la Madonna icónica, marmórea, en un pedestal, bajo el velo, con su carga de éxitos y fracasos, de expectativas, y que se sobrepone a él, en blanco y negro, su espíritu, su voz, aplastados, intentando liberarse de las exigencias, de las opiniones, del peso de lo que significa ser Madonna. Por un lado el icono, el arte, las expectativas, por otro lado la humanidad, la persona, el deseo.