Si bien es cierto que Madonna es exigente y perfeccionista, Ray of Light se grabó en 4 meses y medio, y Music en 5.
Se puede ser perfeccionista sin entrar en bucles de autocuestionamiento y revisionismo que hacen que el producto final pierda frescura, o que se pase de grandilocuente a base de añadir capas, estilos y colaboraciones con gente de moda.
Por ejemplo, ojalá haber escuchado la primera versión de Madame X, la que todavía no cruzaba el Atlántico, y estaba más centrada en Portugal, con una mirada a Angola, Mozambique y Cabo Verde, la saudade y la melancolía.
Podríamos debatir si un Madame X sin Anitta, Maluma y sus respectivas tropicalidades sería un disco mejor o peor, pero pocas dudas hay que son añadidos a posteriori para aumentar su valor comercial, que no artístico. Madonna lleva unos 15 años de tendencia natural al batiburrillo.
Quizás por eso me parece terrorífica la última foto del post de insta de esta semana con ella sentada en el estudio al lado de una guitarra eléctrica, 10 meses después de que las sesiones con Stuart se diesen por terminadas.
Tengo la sensación que con tantos meses desde entonces, podría ser que Madonna haya superado la era Confessions 2 antes de sacar el disco, y ahora en lugar de Hung Up nos saque directamente la versión revisitada con Tokischa.