SOS 4.8 2012: viernes

En tan solo cuatro ediciones, el SOS 4.8 se ha consolidado como la cita que da comienzo a la intensa temporada de festivales de música en nuestro país y como un evento emblemático para la ciudad de Murcia. Es cierto que a este proceso ha ayudado, y mucho, la aportación pública que recibe el festival -aproximadamente el 50% de su presupuesto-, que hace posible asegurar el éxito de la convocatoria con abonos inusualmente baratos en comparación con otras citas de su categoría.

Sobre el papel, la selección musical es, salvo excepciones, bastante conservadora: la programación es una apuesta por lo seguro. La originalidad de este evento recae en su duración (48 horas sin pausa) o en la notable programación Voces, que este año ha estado dedicado en exclusiva al análisis de las series de televisión como exponente de la cultura popular. Por Murcia, durante el fin de semana, han pasado analistas y expertos en esta materia como Frederic C. Martel, Jordi Costa o, para aportar una visión más gamberra, el equipo de la serie ‘Museo Coconut’ / ‘Muchachada Nuí’, ahora centrado en ‘Retorno a Lilifor‘.

El recinto abría sus puertas a las 12 de la mañana con conferencias y sesiones de dj, pero el arranque de los directos llegó con una dura coincidencia: Nacho Vegas en el escenario Estrella Levante y The Magnetic Fields en el Auditorio Mondosonoro. Es evidente que la banda de Stephin Merrit contaba con mayor expectación, aunque el aforo del auditorio, limitado a 1.000 personas, hizo que pareciera acertado hacerlo coincidir con el asturiano (aunque incluso él lamentara la coincidencia). Por su parte, y aunque duela decirlo, The Magnetic Fields ofrecieron una actuación algo irregular. Es difícil señalar las causas de cierta decepción de una parte de un público que, para nuestra sorpresa, no llenó el auditorio. Quizá porque sus canciones requieren esfuerzo: no entran a la primera y es imprescindible comprender las letras para poder adorar las joyas del pop que Merrit nos ofrece; quizá porque hubiera sido preferible adaptar el setlist a un formato más festivalero y menos intimista; ofrecieron un repertorio emocionantísimo para cualquier fan, pero carente de ritmo para el público menos habituado a su música. Y eso que no faltaron canciones de su obra maestra, ‘69 Love Songs’ (como las emotivas ‘The Book of Love’ y ‘All my Little Words’), alguna rareza de ‘Obscurities’ (‘Drive on, Driver’) o temas de su último disco, ‘Love at the Bottom of the Sea’. Todas las canciones contaron con divertidas introducciones por parte de un Merrit muy comunicativo y bromista –cualquiera diría que no le gusta ir de gira-, pero al terminar el concierto daba la sensación de que esa conexión no fue del todo recíproca.

A continuación, 500 admiradores bastante entusiasmados abarrotaron el concierto de Hidrogenesse que, vestidos con camisetas de ciclistas y en estado de gracia, supieron levantar el ánimo del personal con canciones cargadas de ritmos electrónicos y melodías pop. No faltaron sus ya míticos hits así como algunas –pocas- canciones de su nuevo disco ‘Un dígito binario dudoso’, en recuerdo de Alan Turing. La fiesta que se montó da que pensar: posiblemente Hidrogenesse hayan ocupado el lugar que ha dejado Astrud, y sus trabajos están a la altura de lo mejor que se hace en nuestra música.

Afortunadamente dio tiempo a reponer fuerzas para lo que se nos presentaba, que no era poco. El Escenario Estrella Levante calentaba motores con el pop colorista de Friendly Fires, que cumplieron al desgranar su corta discografía en su faceta más bailable, como la iniciática ‘Lovesick’, a las que siguieron célebres singles como ‘Jump in the Pool’ o ‘Paris’. Sin duda, su líder Ed Macfarlane sigue demostrando su espléndido estado de forma con su manera de bailar, sus saltos y su explosiva cercanía con un público cada vez más fervoroso y que comenzaba a abarrotar el recinto a la espera del plato fuerte del festival.

Con la veteranía y la fortaleza que les otorga el haber escrito una página en la historia de la música, los Pulp saltaron al escenario dispuestos a ofrecer la dosis de adrenalina que se esperaba de ellos en su, por el momento, última cita en nuestro país, después de haber sido coronados el año pasado en el festival Primavera Sound. Y, por supuesto, no defraudaron. Es difícil superar la altura que dejan los británicos, porque tienen una discografía única, cargada de sobresalientes hitazos que son verdaderos himnos para cualquier aficionado al pop, arrancando con ‘Do You Remember The First Time’ y siguiendo con temazos como ‘Underwear’, ‘Razzmatazz’ o los celebradísimos ‘Disco 2000’ y, por supuesto, ‘Common People’, el momento más esplendoroso de la presente del SOS 4.8 y con un público absolutamente volcado en la música y los movimientos de su líder. La presencia en el escenario está más que resuelta y pocos dudan de que Jarvis Cocker sea definitivamente la persona más cool del universo, aunque no sea especialmente ágil con los tacones. Estuvo especialmente bromista –“may the fourth be with you” soltó aludiendo precisamente al 4 de mayo, día dedicado a Star Wars-, con una sorprendente y descarada cercanía al público. Lo único que se le puede reprochar al concierto es la deficiente sonorización de los dos escenarios principales (fue así durante todo el festival) y la falta de decibelios, circunstancia que fue corregida sobre la marcha y que en cualquier caso quedó en un segundo plano ante la contundencia del contenido que Pulp puso sobre nosotros. Tampoco importa que esta reunión tenga motivos esencialmente económicos, porque desde luego se lo han ganado ofreciéndonos de nuevo un momento destacado en nuestra memoria.

Debe de ser muy complicado tocar después de Pulp, y esa tarea le fue encomendada a Gossip, aunque quizá hubieran sido Friendly Fires los más apropiados para ese reto. La banda de Beth Ditto se las vio y se las deseó para siquiera rozar el grado de delirio con el que se encontraron al público, y el concierto estuvo ciertamente bajo de potencia y de energía. Tan solo le quedaba tirar de sus éxitos más conocidos, en una interpretación que estuvo demasiado supeditada a las labores vocales de su líder.

Así que, por un momento, era conveniente abandonar el escenario grande para comprobar que la actuación de SebAstian brilló por su ausencia y que la de Buraka Som Sistema no estaba basada precisamente en la elegancia ni en el buen gusto, aunque quizá sí calara entre el numeroso público autóctono (Repetían a gritos: “¡Vamos, dale duro a estas mujeres, brother, que son de Murcia!”), en una tendencia de perreo electrónico que continuaron más tarde los Zombie Kids. Ambos fueron responsables de los momentos más sucios del viernes.

Sin embargo, entre estas dos actuaciones pudimos disfrutar de una espectacular y cristalina sesión de música disco súper bailable a manos de John Talabot (por fin pudimos verle la cara) y el cierre a esta agotadora jornada corrió a manos de más sesiones de dj a cargo de Simiam Mobile Disco y de Buffet Libre, un final electrónico y hedonista que fue el broche más decente para una jornada irregular, sí, pero memorable.

Fotos: Equipo Helmet / SOS 4.8

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