Panda Bear / Buoys

Qué pena que los discos de Panda Bear no salgan al mercado por Navidad. Desde ‘Person Pitch’ (2007) siempre se han publicado uno o dos de los singles de adelanto en otoño, pero para el álbum completo siempre ha habido que esperar a algún momento del primer cuatrimestre del año. Y digo que es una pena en este caso con más motivo. La influencia de las armonías vocales de Beach Boys siempre ha estado muy presente en el trabajo de Noah Lennox dentro y fuera de Animal Collective. Y las reminiscencias navideñas, que él ni confirma ni desmiente, se notan aquí al principio de ‘Crescendo’ por ejemplo, pues su letra arranca un poquito como ‘Joy to the World’; en el corte titular ‘Buoys’, tierno y entrañable nada más empezar; o en el pegadizo «why did I fly so high» de ‘Cranked’, una llamada a la humildad.

Pero es que además ‘Buoys’ está concebido como un disco sobre el amor familiar, un núcleo en el que apoyarse los unos a los otros. Como siempre, los textos son algo abstractos, tanto como la música, y hay canciones como ‘Dolphin’ en las que la «calma» del «mar» topa con la violencia del «filo de un acantilado»; pero hay momentos que son muy claros en el ofrecimiento de confort y afecto. Es el caso del estribillo de ‘Token’, en el que se asalta un edificio «para que te pueda conseguir algo con lo que combatir el frío»; o de ‘Master’, que contiene otro de los grandes estribillos del disco: «quiero decirte / que esto es una victoria para ti / quiero darte esto a ti / parte de un gracias a ti». Pocas veces el artista ha invitado tanto al recogimiento.

Panda Bear, inconscientemente, se ha acercado a los nuevos ritmos latinos y urbanos para probar suerte con sus hijos, los cuales odian la música que hace, lo cual es normal teniendo en cuenta su corta edad. Su aproximación es por supuesto desde la vanguardia. Junto al productor Rustye Santos, se ha armado de guitarras pero solo para tratar su sonido a saco hasta dejarlas reducidas a la sensación de sample. Asimismo, los ritmos que les ha dado son sincopados y abstractos. Con alguna salvedad como ‘I Know I Don’t Know’, son como intentar bailar un reggaeton pero sin poder mover las piernas. Y lo cierto es que la etiqueta de «reggaetón roto» o «reggaetón surrealista» está bastante conseguida en muchos puntos del álbum.

Después, hay cosas más incomprensibles, pues algunos de los mensajes se antojan jeroglíficos indescifrables. Desde el punto de vista formal, ‘Inner Monologue’ es una canción muy interesante en la que Dino D’Santiago ha aportado unos coros que se confunden por timbre con los de Noah, pero aportando unas armonías que a este nunca se le habrían ocurrido. Sin embargo, la letra es todo un circunloquio en el que uno no acierta a comprender por qué Lizz ha querido aportar un «llanto»… que a veces es una risa. ¿Seguro que no es un gemido con el que el artista quería yuxtaponer el amor carnal? Como «monólogo interior», el tema decepciona, pues su aire al folk de los 60 y sus recursos prometían una obra maestra que no termina de llegar. Y en la línea, el tema final, una especie de «la vida sigue» que nos dice que «ya nos veremos por ahí», está OK, pero también podría no estar: está por estar.

La gran virtud de ‘Buoys’ es haber sumado un disco identificable en sonido a la discografía de Panda Bear. Lo ha escrito inspirado por una gira de ‘Sung Tongs’ de Animal Collective, pero la paleta aquí trabajada es bastante diferente, no por ser más rica ni mejor; sino por estar marcada por el uso de Auto-tune, resultando muchos menos tribal, y sonando muy bien cohesionada a través de esas guitarras con una afinación particular muy calculada. Y no es tan fácil hacer un álbum identificable por su sonido y diferenciable de todos los demás cuando has hecho tantos.

Calificación: 7/10
Lo mejor: ‘Dolphin’, ‘Token’, ‘Master’, ‘Buoys’
Te gustará si te gusta: resolver jeroglíficos
Escúchalo: Spotify

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Publicado por
Sebas E. Alonso
Tags: Panda Bear