Sacco se reafirma en lo suyo: un dibujo impecable con una técnica “cross-hatching” de punteados y entrelazados que hemos celebrado con Emil Ferris y Nina Bunjevac por su laboriosidad y su escaso uso. Juega en su contra el haber dejado de sorprender esas consignas suyas que se llevan repitiendo por cualquier punto del globo demasiado tiempo. Pero poco más hay que objetar cuando se trata de sacar a la luz un sistema educativo de internados que duró 150 años, que separaba a los niños de sus padres indígenas; cuando se muestra cómo se han destruido ecosistemas para extraer petróleo, gas o diamantes, y cómo el gobierno canadiense a cuenta del progreso arrasó las culturas nativas. Una disyuntiva global que hoy parece haber pasado a segundo plano: economía o preservar la naturaleza. 8,2.
Judith Vanistendael, bajo un mantra de dibujos movidos y acuarelas de colores vivos, construye el laberinto de Penélope, una cirujana que durante años ejerce en países en guerra, se emplea a fondo en labores humanitarias y procura desconectar en los pocos días de descanso. Mientras, su familia en Bruselas, envuelta en problemas de primer mundo, la espera impaciente. Los reencuentros serán los que pongan en duda lo que siente Penélope. De un lado la maternidad, con la incertidumbre de no estar a la altura para una hija ya adolescente, y un marido que cuestiona los roles de pareja y los largos periodos de separación. Y de otro, un entorno social de energías distintas, donde las inquietudes son salvar vidas humanas. 8.
Davodeau consigue, sin recursos originales, salpicar de pensamientos al lector independientemente de cuál sea su edad: los problemas laborales que se tratan unen fuerzas con los sentimentales, y dejan sin aliento los personales. La importancia de los personajes secundarios, la intensidad de los paisajes nevados, en confrontación con los colores suaves empleados por Joub; y la inserción de fotografías de Hermenier, a modo de bodegones deconstruidos, enriquecen el discurso. 7,8.