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Tulsa / Ese éxtasis

Lo mejor: 'Autorretrato', 'Destrucción mutua asegurada', 'Tres venenos', ‘Los volcanes avisan’, Yo no nací así’.
Te gustará si te gustan: Christina Rosenvinge, St. Vincent, Zahara
Escúchalo: 'Los volcanes avisan', en Youtube

Miren Iza, Tulsa, parece ya definitivamente lejos del rock angosto que practicaba en ‘Espera la pálida‘ o ‘Solo me has rozado’. ‘Ese éxtasis’ ahonda en la vena más pop, la que se abrió en la era ‘La calma chicha‘. Después del pletórico ‘Centauros’, Tulsa se muestra más synth-pop que nunca. ‘Ese éxtasis’ fue grabado en Daimiel en julio, en una casa en la piscina, junto con los músicos, entre ellos Betacam, justo en ese momento en que la pandemia y el confinamiento se relajaban y todos nosotros respiramos… antes de que el zarpazo de la Covid-19 regresara para amargarnos otra vez. Esta “calma chicha” (si se me permite el chiste), se refleja muy bien en el disco, más fruto del azar que de una planificación, si hemos de hacer caso a su hoja promocional. Aunque hay tres temas que ya eran conocidos de antemano: ‘Autorretrato’, ‘Tres venenos’ y ‘Yo no nací así’.

Y precisamente, abrir con ‘Autorretrato’, una de las mejores canciones de 2020 puede ser un tanto arriesgado. ¿Es el mejor tema de la historia de Tulsa? Al menos lo parece. Una balada inmensa en su emotividad y en su calma, un tanto tensa, hasta que rompe en su última parte, pletórica, en la que Miren canta como nunca. Como bien señalaba mi compañero Sebas, Tulsa ya tiene una andanada de himnos, pero este conmueve especialmente, porque es realista y es tierno, porque tiene una letra memorable, porque todos podemos sentirnos reflejados en alguno de sus versos. Mi favorito es «me gusta tener hermanos / ellos ya saben cómo soy».

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No sé hasta qué punto abrir con una canción tan buena es contraproducente para el resto del álbum. Porque después de un retrato tan íntimo, esperas un disco confesional. Pero más bien Miren se decide por un disco de relatos, de retratos bufos sobre las relaciones, o las convenciones sociales. Y muchos temas parecen hechos como un patchwork; algunos brillan más en sus partes que en su conjunto. ‘Destrucción mutua asegurada’ tiene un aire medio reggae medio pop sofisticado muy ochentas, en que una letra aparentemente amorosa acaba deviniendo un agridulce retrato de la guerra fría en el amor. A ‘Tres venenos’, tras un puente un tanto insulso, la rescata un estribillo rotundo. ‘Dinero caído del cielo’, una fábula anticapitalista, va creciendo en su desarrollo de los R.E.M. más dulces.

Pero también hay temas redondos de principio a fin, como el disco chungo y asfixiante a la New Order de ‘Los volcanes avisan’, lo más parecido a un hitazo bailable que nos ha regalado Miren. Al final, las canciones que tienen más fuerza son las confesionales, emotivas, autobiográficas. Es el caso de ‘Os oigo follar’, un relato de anhelos y melancolías un tanto amargo, un tanto resignado, o de ‘Yo no nací así’, un desarrollo lírico, doliente, de esos que sólo Miren sabe cantar, que acaba estallando en otro precioso estribillo.

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Por mucho savoir faire y más calma que pretendan aparentar, las canciones de Tulsa siempre esconden algo inquietante e inasible. Y ‘Ese éxtasis’ no es una excepción. Tengo la sensación constante de que aquí hay algo que se me escapa, por más escuchas que le dé: un motivo más para ir volviendo, hasta que descubra el secreto. Y, como siempre, es un gustazo siempre encontrarse con Tulsa, su voz rasposa, dulce y desafiante, esa manera suya de escribir, tan literaria, que juega a descolocar letras y música. Sí: queremos mucho a Tulsa.

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