Quantcast
- Publicidad -

‘Destello bravío’: señoras de pueblo que están “hasta el coño”

En 2005 se estrenó ‘El cielo gira’. El premiadísimo debut de Mercedes Álvarez llamó la atención por dos aspectos: su mezcla, muy libre y porosa, de ficción y documental; y su mirada, poética y antropológica, a lo que ahora se llama la España vaciada. A través de la senda abierta por esta película llegaron muchas otras. De repente, todos los festivales tenían su documental sobre la vida rural. La España vaciada se llenó de aspirantes a directores preguntando cosas a los lugareños y haciendo planos “artísticos” de las casuchas de los pueblos. La mayoría eran bastante intrascendentes y pretenciosos. Pero hubo excepciones: ‘El somni’ (2008), ‘No todo es vigilia’ (2014), las películas de Ramón Lluís Bande (‘Vida vaquera’, ‘El nome de los árboles’, ‘Equí y n’otru tiempu’)…

‘Destello bravío’ no es un documental sobre la España despoblada, pero sí recoge parte de esa tradición. Su directora, la también debutante Ainhoa Rodríguez, hizo como Mercedes Álvarez en el pueblo soriano de Aldeamayor: estuvo varios meses en Tierra de Barros ganándose la confianza de los vecinos y empapándose de la vida de esa comarca pacense. Y su periplo festivalero ha sido casi idéntico: estreno en Rotterdam, y luego en Málaga, donde se ha llevado el premio del jurado y el de mejor montaje.

- Publicidad -

Sin embargo, la mirada de Ainhoa Rodríguez es muy diferente a la de Álvarez. ‘Destello bravío’ documenta la España vacía conservando parte de esa herencia formal observacional: planos fijos, atención a las texturas lumínicas y sonoras del paisaje y el paisanaje, utilización de actores no profesionales… Pero incluye otros elementos, otros “destellos” además del realismo “bravío”, que la convierten en una película enormemente singular.

Por un lado, la directora utiliza un costumbrismo irónico, extravagante y feminista que recuerda –aunque no sea tan tronchante- a las películas de ‘Carmina’ de Paco León. Por otro, un suspense de ecos lynchianos que no acaba de funcionar. La directora siembra un misterio, lo riega con sonidos extraños, planos inquietantes y una atmósfera amenazante, donde parece que va a suceder un hecho trágico -otro Puerto Hurraco u otra “manada”-, pero no termina de florecer. Acaba resultando algo impostado.

- Publicidad -

En cambio, hay un tercer elemento mucho más interesante. Rodríguez aplica una mirada surrealista a la película que rotura como un tractor el sustrato naturalista de este tipo de propuestas y lo emparenta con el cine de Luis Buñuel. De hecho, la secuencia más celebrada de la película, aquella en la que un grupo de señoras experimentan una orgía etílica y bollera (de bollos), una catarsis donde se libera el deseo sexual reprimido (“una oda al autoplacer de la mujer madura”, según su directora), es plenamente buñueliana.

Esta secuencia resume las características de ‘Destello bravío’: un gazpacho con fondo tradicional, al que le han añadido ingredientes y técnicas “de autor” como el humor esquinado, el naturalismo onírico, la denuncia feminista y los planos estáticos, como estampas, del cine de vanguardia. No sabe a gloria, pero está rico.

Discos recomendados

Kiko Veneno / Hambre

Koreless / Agor