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Mdou Moctar / Afrique Victime

Lo mejor: Chismiten', 'Taliat', 'Tala Tamman', 'Asdikte Akal', 'Layla', 'Afrique Victime'
Te gustará si te gustan: Bombino, Tinariwen
Escúchalo: Youtube

Mdou Moctar, nombre artístico de Mahamadou Souleymane, es un brillante guitarrista y compositor tuareg, de Níger. Practica el llamado “blues del desierto”, un género que popularizaron Tinariwen, mezcla de blues y música tradicional tuareg. Moctar no lo tuvo fácil, ya que su familia era muy conservadora y no quería que se dedicara a la música, así que se fabricó una guitarra con piezas de bicicleta. Pero ya hace mucho que Mdou consiguió su propia guitarra eléctrica para zurdos.

La música de Mdou Moctar va más allá de las convenciones del género para expandirse y fusionarse con el blues norteamericano, el rock duro, la psicodelia y el aliento del pop de los sesenta. ‘Afrique Victime’ es su quinto disco… si contamos en formatos convencionales. Su música se pasaba vía tarjetas de memoria y teléfonos móviles por la zona de influencia tuareg. En 2008 grabó su primer disco, ‘Anar’, repleto de autotune y cajas de ritmo. Christopher Kirkley, capo de Sahel Sounds, un sello sito en Portland, se enamoró de su música. Buscó a Mdou para grabar sus canciones con mejores condiciones materiales y lo editó internacionalmente. Mdou ahora tiene una bandaza de acompañamiento. Y ha fichado por Matador.

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‘Afrique Victime’ es un disco exuberante, tan brioso como nostálgico. Y ajeno al tiempo. Pero no suena viejo o desfasado, sino palpitante. La guitarra de Mdou es deliciosa, de regusto añejo, te sumerges en ella. Las canciones están repletas de coros, segundas voces, guitarras, palmas, baterías rock… El ritmo del desierto aquí adquiere un brío mayor y se llena de cierres abruptos.

Su anterior referencia ‘Ilana: the Creator’, era más contundente, más psicodélico e imbuido de la ortodoxia rockista. ‘Afrique Victime’ es algo más tradicional y más sutil. Los temas son más pegadizos. Rebaja un poco la nostalgia inherente al género en varias canciones, pero jamás abandona ese anhelo de espacios abiertos que caracteriza al blues del desierto. El sonido del disco también aporta un tono atemporal, ligeramente empañado. La guitarra de Mdou suele ser protagonista de sus discos, pero esta vez el lucimiento está al servicio de las canciones, redondas.

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La exuberancia con la que abre el primer tema, ‘Chismiten’ los coros, las palmas, la dulzura y pasión de la voz de Mdou, contrasta con una guitarra hard rock, cuyos riffs actúan de estribillo, hasta que se desmadra en forma de jam instrumental quasi psicodélica y enlaza con ‘Taliat’, donde su voz juega de nuevo con los coros, esta vez de manera más alegre. La batería golpea contundente, mientras Mdou dibuja arabescos con la guitarra y se deja llevar. El ritmo se enlentece, casi llega Mdou al susurro en ‘Tala Tamlan’, pieza mayor de precioso estribillo, tan delicada que casi parece romperse, con rasgueos de cristal. La breve filigrana final es una absoluta maravilla.

El pulso más pesado lo recupera en ‘Asdikte Akal’, pero sin dejar la vena pop, que configura con su voz; suena más rabiosa, a tono con su guitarra haciedo fuzz y llegando a terrenos progresivos. ‘Layla’ está dedicada a su pareja. Mdou fue padre en 2019, mientras estaba de gira, lejos de su hogar. En el tema expresa su amor a su compañera como forma de paliar el pesar de no haber podido estar allí; arranca como un blues normal, hasta que la percusión la convierte en otra cosa, en la pieza más tradicional y desértica, como venida de un tiempo pasado: tal es su vibración 70s. Va subiendo en crescendo, a golpes se va desentendiendo de la calma inicial para acabar en una espiral q va subiendo mientras entona «¡Layla!».

‘Afrique Victime’, la canción, empieza con un lamento sentido, apenas acompañado con ligera percusión y rasgueos. Entonces irrumpe la guitarra en la pieza más rock y pegadiza, entre desvaríos casi sinfónicos, con un ritmo cada vez más trotón y rápido. Mdou denuncia las atrocidades cometidas en África, el dolor de un continente sojuzgado bajo el yugo neocolonial. Pero en lugar de escoger el lamento, escoge la rabia, el ritmo sincopado. África es víctima, pero no vamos a bajar la cabeza, nos dice. Cantaremos las injusticias, las cantaremos alto y rápido. La canción deriva hasta un final de puro jam psicodélico gozoso y cada vez más acelerado, hasta que recupera el susurro y cierta calma (cierta, porque le recorre ese nervio igual) en la última canción, ‘Bismilahi Atagah’.

‘Afrique Victime’ es un disco magnífico, circular, que abre y cierra con pisadas, que suena vitalista, desértico, melancólico y fiero. Y brevísimo. Sus nueve temas pasan en un suspiro. Y desearías que se alargaran, hasta el horizonte.

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