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El nuevo ‘Candyman’ intenta parecerse a ‘Déjame salir’

Déjame salir‘ es una de esas películas que cambian el juego como mínimo en su género, el terror, en este caso con una reflexión social absolutamente genial en tiempos coetáneos a Trump (2017) y al movimiento Black Lives Matter. Su director Jordan Peel es ahora uno de los guionistas y productores de esta nueva versión de ‘Candyman’ que ha triunfado especialmente en la taquilla estadounidense y no ha ido nada mal en España, donde se acerca ya al millón de euros recaudados.

Este ‘Candyman’ es una secuela de la película de 1992 ‘Candyman, el dominio de la mente’, que pasa por alto los dos «Candymans» que ha habido en medio, y más aún aquellos que llegaron a barajarse pero se descartaron. Y eso incluye un ‘Candyman vs. Leprechaun’ a lo ‘Freddie vs Jason’ en clave de humor que se llegó a poner sobre la mesa. El actor Tony Todd, presente en el ‘Candyman’ de 1992 y en este nuevo, pero también en los menores de 1995 y 1999, dijo que ni de coña rodaría algo así. Para tratarse de una secuela más ambiciosa, el ‘Candyman’ de 2021 no es tan estilizado como cabría esperar, aunque tiene sus puntitos.

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Nia DaCosta, responsable de ‘Little Woods’ (2018), es quien se ha puesto tras las cámaras para volver a contar la historia de esta suerte de «hombre del saco» inspirada en un relato de Clive Barker, aprovechando que la directora ya había realizado un corto de animación sobre ‘Candyman’. Ahora el protagonista es un artista alternativo venido a más, si bien en plena crisis creativa (Yahya Abdul-Mateen II interpreta a Anthony), siendo un dolor de cabeza para todo aquel que le rodea, sobre todo su pareja, la galerista Brianna Cartwright (Teyonah Parris).

El horror que provoca la aparición de este hombre con garfio cada vez que alguien dice 5 veces su nombre frente a un espejo seguirá dando juego de por vida, en este caso adaptándose al mundo del arte -lo que incluye unas cuantas pullas hacia esta industria y también hacia la crítica de la prensa- y también a los siempre irresistibles pasillos de instituto, dejando una de las escenas más icónicas, si bien algo apartada de la trama central. De manera chanante, una nueva versión de ‘Say My Name’ de Destiny’s Child, se ha vinculado con la promoción de la película.

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Este ‘Candyman’ vuelve a tratar el tema del racismo en Chicago, con una perspectiva menos supremacista blanca, pues para eso han llamado a Jordan Peel y dirige Nia DaCosta, con el inconveniente de que el factor sorpresa de ‘Déjame salir’ ha desaparecido. Yahya Abdul-Mateen II es un protagonista por momentos tan plomizo como la protagonista de la arty ‘Bliss’, consintiendo que el encanto de esta adaptación se diluya entre las reivindicaciones contra la gentrificación y la reconciliación con los orígenes humildes, el humor que parece aportar la pluma de Nathan Stewart-Jarrett (‘Misfits’) y un argumento que se enreda y se subraya hasta rozar los límites de la telenovela. Poco terror y demasiada intención de trasfondo social en una película en la que las animaciones de aquel corto primigenio de Nia DaCosta aportan cierta entidad: volvería a ver ‘Candyman’ únicamente por su resumen final de la historia del racismo entre sombras chinescas y marionetas.

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