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‘tick, tick… Boom!’, un biopic de Jonathan Larson tan sentido como mil veces visto

Jonathan Larson, autor de ‘Rent’, es una de las figuras más importantes del teatro musical, especialmente por su mirada crítica y por abordar temas sociales contemporáneos a su obra. Lin-Manuel Miranda, uno de los nombres más destacados del género en la actualidad, se embarca en la dirección en la que es su primera película, ‘tick, tick, Boom!’, basada en la obra homónima autobiográfica de Larson. En ella se cuentan sus dificultades para lograr ser director de musicales y la crisis personal que sufrió en la víspera de su trigésimo cumpleaños, considerando que se le estaba acabando el tiempo para triunfar. El filme presenta un Nueva York en los años 90 en un contexto artístico que, desgraciadamente, estuvo muy marcado por el horror del sida.

Miranda ofrece un apasionado retrato de Larson -encarnado con solvencia por Andrew Garfield-, donde se ensalza su figura como genio poseedor de una imaginación desbordante y cuyas ideas rocambolescas nadie se atrevía a producir: un genio para minorías. El resto de su entorno se refleja con pequeñas pinceladas, pero la película no parece interesada en el ambiente que rodeaba a su protagonista sino simplemente en él mismo.

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Ese aspecto, más que dotar de complejidad al personaje, le resta cierto interés, pues su retrato unidimensional del artista no difiere en absoluto de otros muchos que Hollywood nos lleva mostrando durante décadas. Ahí reside el mayor problema de ‘tick, tick… Boom!’, que nunca destaca por encima de los cientos de referentes anteriores que el espectador cansado lleva a sus espaldas. Se limita a ser una biografía realizada con cariño pero que no deja espacio para la sorpresa, con un guion donde todo resulta perfectamente predecible. Además Miranda evidencia su falta de experiencia con una puesta en escena en la que tampoco hay ideas visuales particularmente estimulantes.

No obstante, nada molesta o irrita. Se trata de una película diseñada con escuadra y cartabón para conseguir el beneplácito del público medio y la gloria en los Oscar. Puede que lo consiga. El tono amable pero a la vez con poso dramático, el regusto académico, las canciones ingeniosas del libreto original y el carisma de Andrew Garfield en una de esas interpretaciones que tanto les gusta a los premios, en la que arrebatadamente ríe, llora y canta son algunos de los ingredientes que pueden hacer que cierto sector salga emocionado de la sala (o del salón de su casa, pues es de Netflix). Lo que queda claro es que los objetivos de ‘tick, tick… Boom!’ no son vanguardistas, no busca ser un ejercicio intelectual o jugar con el espectador a base de giros de guion calculadamente pensados, sino que se basa al completo en sus buenos sentimientos, en intentar dejar al espectador emocionado. Habrá quien se sienta satisfecho con ello, pero también hay motivos de sobra para exigir bastante más que buenas intenciones.

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