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Mach-Hommy / Balens Cho

Lo mejor: 'Labou', 'Separation of the Sheep and the Goat', 'Traditional', 'Self Luh'
Te gustará si te gustan: MF Doom, Quasimoto, J Dilla, Earl Sweatshirt, Georgia Anne Muldrow
Escúchalo: Youtube

Mach-Hommy es otro de esos artistas misteriosos que buscan crear un culto alrededor de su obra más que triunfar masivamente en el plano comercial. Su música no está hecha para las playlists, pero él mismo se encarga de alimentar el enigma de varias maneras. No enseña su rostro públicamente, pues siempre lo lleva velado con un pañuelo, y es especialmente polémico el desorbitado precio que el rapero aplica a sus lanzamientos físicos y a su merchandising. La edición de lujo de ‘Mach’s Hard Lemonade’ superaba los 440 dólares y otros de sus álbumes rondan también las tres cifras. Si no fuera porque sus discos están disponibles en las plataformas de streaming escucharlos sería imposible para la mayoría de mortales. Para colmo las letras de Mach-Hommy no están subidas a sitios como Genius por deseo expreso de su autor.

La figura de Mach-Hommy invita a debatir sobre el precio que se asigna a las obras de arte y sobre cuánto contribuye este a la valoración de sus méritos artísticos, pero también saca a relucir la importancia de que los músicos independientes creen un valor para su trabajo especialmente en un contexto de saturación musical más competitivo que nunca. En el caso de Mach-Hommy, el valor de sus elaborados beats, de su exquisito flow y de sus personales letras es evidente más allá de cualquier precio hasta el punto de haber llamado la atención de mismísimo Jay-Z (el lanzamiento de ‘Mach Hard’s Lemonade’ fue originalmente exclusivo de Tidal), y ‘Balens Cho’, el segundo de los dos discos que ha publicado este año, es un pequeño tesoro que merece ser descubierto por el pueblo por difícil que el artista lo ponga para disfrutarlo en toda su dimensión.

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El sonido de Mach Hommy se sitúa en los parámetros de un hip-hop matizado de jazz que suena aletargado y narcótico. Su registro grave carga de peso unas producciones humeantes que suenan inspiradas en el trabajo de beatmakers como J Dilla o MF Doom y que suenan especialmente mágicas escuchadas a altas horas de la noche. ‘Balens Cho’, producido junto a Nicholas Craven, se crece a todas luces en este contexto pues incluye interludios extraídos de viejas emisiones de radio protagonizadas por locutores (aparentemente) blancos que suenan incluso fantasmales al provenir de tiempos remotos (probablemente de los años 40 o 50) y que hablan sobre la cultura de Haití, el lugar en el que se asienta todo este trabajo cuyo título significa «velas calientes» en criollo. Mach-Hommy es haitiano aunque está afincado en Nueva Jersey y, si su último disco se titula ‘Pray for Haiti’, el país caribeño vuelve a ser el protagonista total de este nuevo trabajo que reflexiona sobre la colonización.

Haití es un lugar especialmente significativo para la población negra, pues en sus tierras tuvo lugar la primera revolución de esclavos negros de la historia, pero ‘Balens Cho’ es un trabajo tan personal como historiográfico. Una de sus pistas destacadas, la hipnótica ‘Magnum Band Remix’, sí apela a la historia para recordar que «todos los programas espaciales derivan de África» a la vez que reflexiona sobre el arte, los mitos y la realidad, y la celestial ‘Separation of the Sheep and the Goat’, que hace uso de unos coros 100% Beach Boys además de sonidos de arpa, apela al «estrés físico y mental» provocado por los «disturbios civiles» y habla de «libertad y muerte» en el contexto de la parábola apocalíptica titular, la del juicio final. Sin embargo, en ‘Balens Cho’ Mach Hommy nos habla también de su camino hacia el éxito («salí del barro», canta en ‘Labou’), de sus experiencias con el racismo (el noir jazz de ‘Wooden Nickels’) o de la importancia de cuidarse a uno mismo, como relata en la exquisita pista final ‘Self Luh’, que busca la estética de la degradación de sonido y del siseo de vinilo para dar lugar a una pequeña joya.

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El Caribe sí está muy presente musicalmente en el disco, especialmente en el protagonismo de los instrumentos de viento, que aportan cierto sabor latino (en concreto cubano) a la adictiva ‘Labou’ y en una intrigante ‘Traditional’ en la que el rapero se pregunta «qué ocurre cuando las condiciones no se pueden soportar». Hay piezas más cacofónicas, como la sucia ‘Money Magnets’, pero los beats de Mach Hommy se niegan categóricamente a dejar indiferente y, entre interludio e interludio, llama la atención la ufana melodía de ‘Lajan Sal’ o el vaporoso sonido de la mencionada ‘Wooden Nickels’. En todo momento los beats suenan sucios pero los instrumentos y samples usados transmiten un mimo absoluto por la creación de ambientaciones y texturas. Los 23 minutos de ‘Balens Cho’ realmente se pasan como un suspiro e incluso se hacen cortos. Un disco, en definitiva, apto para aficionados al hip-hop más exquisito, pero también a un rap que huye de los parámetros del Today’s Top Hits.

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