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Joel Coen ofrece un ‘Macbeth’ solemne, preciosista… e irregular

No fue hasta ‘Ladykillers’ en 2004 que Joel y Ethan Coen comenzaron a dirigir películas juntos. No obstante llevamos hablando de los hermanos Coen desde mucho antes, cuando Joel era el único director y Ethan solo co-escribía los guiones y producía. Ahora, este último ha decidido apartarse del cine durante un tiempo, por lo que ‘Macbeth’ supone la primera película de Joel Coen sin su hermano. Y se nota notablemente. El film es solemne, dramático y está absolutamente despojado del característico sentido del humor de los Coen. De hecho Joel ha reconocido que no hubiese podido dirigirla si Ethan estuviese involucrado porque es un tema que no le interesa.

Resulta llamativo que ‘Macbeth’ sea una de las adaptaciones de Shakespeare que más se han llevado a la pantalla grande, probablemente por su potente retrato de la condición humana pero también por el reto que supone para un cineasta adaptar su profunda teatralidad al medio cinematográfico. Orson Welles, Roman Polanski o, más recientemente, Justin Kurzel la han trasladado al cine con resultados divisorios. Kurosawa es quizá quien más cerca ha estado de la grandeza de ‘Macbeth’ con ‘Trono de Sangre’, una reinterpretación ambientada en el Japón feudal. Aquí, Joel Coen ofrece una visión preciosista y muy fiel al texto original, aunque con algunos detalles novedosos. Macbeth es Denzel Washington -también cuenta con más actores negros interpretando a miembros de la corte- y las tres brujas están encarnadas por una sola actriz (una excelente Kathryn Hunter).

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El lenguaje, tan importante en las obras de Shakespeare, está conservado en su mayoría de forma muy parecida al texto original. Sin embargo, otra de las sorprendentes decisiones de Coen es que los actores afroamericanos hablen con acento estadounidense. Algo que realmente no termina de encajar bien y que puede alejar ligeramente de la propuesta. Aun así, ‘Macbeth’ tiene algunos momentos que celebrar, como su impresionante apartado visual, con la vocación pictórica de la imponente fotografía en blanco y negro de Bruno Dellbonel, o la enigmática y atmosférica música de Carter Burwell. Así como las solventes interpretaciones de su reparto, donde destacan particularmente Hunter y Frances McDormand (también productora del film).

En términos narrativos, la película es irregular, combinando momentos de gran poesía visual -especialmente aquellos en los que aparecen las brujas- con otros más densos y arduos. Funciona sobre todo en su clímax, donde la puesta en escena de Coen se vuelve más interesante y adquiere un sentido más allá de su espectacularidad visual.

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Es cierto que ‘Macbeth’ realmente no ofrece nada lo suficientemente relevante como para justificar su enésima adaptación al cine, pero es una película estimable, realizada con buen gusto y con tanta admiración hacia Shakespeare como a maestros del cine europeo como Dreyer o Bergman. Llama la atención lo que Joel Coen, alguien con un universo cinematográfico tan alejado de lo mostrado aquí, pueda hacer sin su hermano en un futuro, si seguirá esta senda o si esto simplemente supondrá una rara avis en su filmografía.

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