Televisión

‘Euphoria’ me da mono de trauma y dolor: SPOILERS

Cada domingo se repite el ritual: un nuevo episodio de ‘Euphoria’ llega a HBO para dar a la audiencia una nueva dosis de sufrimiento adolescente. No lo puedo negar: estoy enganchado a la serie como Rue a la cocaína, pero no puedo evitar ponerme en modo Sarah Jessica Parker y preguntarme: ¿es ‘Euphoria’ una buena serie o simplemente es… impactante?

Puede que la respuesta se encuentre en un punto medio. A favor de ‘Euphoria’ hay que decir que el reparto es estupendo, que especialmente Zendaya se crece en el papel protagonista cuando ya no nos acordamos de sus tiempos como cantante, que Hunter Schaffer es una estrella y que los diversos tipos de representación vistos en la serie están tan bien integrados que parece un delito comentarlos siquiera. No hace falta añadir que la serie visualmente es espectacular.

Luego está la trama, basada en un triángulo de sexo, drogas y violencia (bueno, y también en la serie original israelí) que el director Sam Levinson ha decidido intensificar al extremo en la segunda temporada. Hasta aquí todo OK pero… me asaltan las dudas como a Kat las voces de sus inseguridades. Cada capítulo nuevo de ‘Euphoria’ ha sido mejor que el anterior, pero también ha sido más chocante, y es en lo que se ha centrado la serie desde el comienzo, en el sensacionalismo.

Algunos ejemplos: la paliza de Fezco a Nate en el primer capítulo es brutal no, lo siguiente. Roza lo gore. También es larga, demasiado. No puedo ser el único que pensó que lo había matado. El sufrimiento extremo de Cassie por haber iniciado una relación con el ex novio de su mejor amiga Maddie (el mismo Nate) sugiere que en lugar de ‘Euphoria’ la serie debería llamarse «Histeria», el estado en el que vive Cassie cada segundo de su vida, sin descanso. El asalto de Nate a la habitación de Maddie pistola en mano es difícil de creer. Por supuesto, la adicción de Rue es el epicentro de la serie, pero su frenético consumo de drogas está obviamente sensacionalizado y el capítulo cinco es puro «trauma porn».

‘Euphoria’ da con algunas escenas brillantes en su misión constante por chocar al espectador: he de decir que no terminé de entrar en los dos primeros capítulos porque ver a un grupo de adolescentes privilegiados asistir al instituto o a fiestas vestidos como si fueran a la Met Gala no me parece interesante de por sí, pero el tercero empieza a dar ya muy buenos momentos: la escena en que Cassie echa la pota dentro del jacuzzi me parece sublime, la representación de la adicción de Rue, interpretativamente, es olímpica, y toda la subtrama de Cal, un hombre maduro trágicamente atrapado en una adolescencia perdida, está muy bien desarrollada: la escena del monólogo en el recibidor es tan surrealista que solo puede resultar verídica, porque muchas veces la realidad supera la ficción.

Aún así la serie parece dejarse algo por el camino. La parte estética es maravillosa, los títulos de los capítulos incluso añaden una dimensión culta, al inspirarse en obras del surrealismo francés, Bob Dylan o Lorca (el «martirio de Santa Eulalia»); incluso las habitaciones de los personajes están repletas de pósters de discos de M.I.A., Rihanna o Ariana Grande… pero los personajes no parecen tener más dimensiones más allá de la angustia que padecen en sus vidas. Quedan dos capítulos y la vida de Elliot sigue siendo un misterio. El personaje de Maddie no emite una sola palabra que me haga dejar de pensar que es insoportable. Y de repente los personajes de Jules o Kat parecen terciarios. Vale que la serie se centre en la adicción de Rue pero ¿es necesario llevar su trama al contexto de la prostitución y el tráfico sexual cuando la serie supuestamente no va sobre eso y además algunos personajes se están quedando colgados?

‘Euphoria’, como buena serie post-post-moderna, busca ser muchas cosas: es un drama adolescente, es un thriller de gánsters, es una sesión de fotos de Dave LaChapelle, es una película turbia de David Lynch, es una playlist de temazos de Orville Peck, Depeche Mode y Sinéad O’Connor. Pero sobre todo es una serie sensacionalista. Currada, pero sensacionalista. Una periodista recientemente ha explicado que, tras el visionado del quinto capítulo, su hermana sufrió un ataque de pánico. Y otro titular se pregunta si ‘Euphoria’ se está «preocupando lo suficiente por apoyar a los espectadores después de traumatizarlos». No sé si ‘Euphoria’ es TAN traumática pero después de seis capítulos sigo sin tener claro si es buena o simplemente debe todo al «shock value», y no creo que los dos capítulos que quedan vayan a resolverme las dudas. Eso sí, cada domingo, pegado a la pantalla.

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Publicado por
Jordi Bardají
Tags: euphoria