- Publicidad -

Jenny Hval / Classic Objects

Lo mejor: 'Year of Love', 'American Coffee', 'Classic Objects'
Te gustará si te gustan: Cate Le Bon, Kelly Lee Owens, 'Aerial' de Kate Bush, Perfume Genius
Escúchalo: Youtube

Jenny Hval se ha casado con el patriarcado. Te lo cuenta en la bossa nova de ‘Year of Love’, la pista que abre su nuevo disco. En realidad se ha casado con su marido, pero pasar por el altar (o por el Ayuntamiento o juzgado) ha hecho que la noruega se cuestione su propio feminismo. «Piensas que soy diferente, pero soy una teatrera», canta en esta misma canción, tras haberse dejado atrapar por el «complejo industrial de la felicidad», una «institución de lo normativo».

Que las personas son complejas y «contienen multitudes» no es ningún misterio. Jenny Hval explora sus contradicciones en ‘Classic Objects’, su nuevo disco. Su germen se encuentra en la pandemia. Cuando la noruega se quedó sin conciertos que hacer se sintió «desnuda» y empezó a plantearse su identidad como artista. De repente el arte le empezó a parecer una «construcción» que ya no significaba nada ni tenía ninguna utilidad. Irónicamente, esta crisis le llevó a escribir un nuevo álbum cuyo contenido complica aún más si cabe la relación de Hval con su propio arte y con su propia identidad.

- Publicidad -

El capitalismo, siempre tan cuestionado por los artistas aunque estén fichados por multinacionales y hayan firmado contratos, es uno de los grandes temas que emergen en ‘Classic Objects’. En primer lugar, Hval ha buscado hacer un disco pop con sus estrofas y sus estribillos y ha querido dotarlo de historias sencillas, pero curiosamente no le ha salido ni un disco tan pop ni sus letras son tan simples, al menos en cuanto a fondo. Hval sí ha hecho un disco enormemente melódico en el plano vocal, pero ‘Classic Objects’ también es un trabajo de sonido anacrónico basado en la música new age, en el que las percusiones son caricias y las texturas electrónicas te envuelven en una nube de confort. Las canciones pueden ser magnéticas, como el single ‘Year of Love’ o ese ‘American Coffee’ que parece un himno al órgano de Alice Coltrane, pero también sonar tan anacrónicas como las percusiones chamánicas de ‘Year of Sky’, o resultar tan fallidas en su misión «pop» como la balada ‘Cemetery of Splendour’, cuyo estribillo da bajón.

Concretamente las dos pistas finales de ‘Classic Objects’ reflexionan sobre el lugar del arte dentro del sistema capitalista. En la cuca miniatura de ‘Freedom’ la noruega canta que desea «vivir en una democracia donde el arte sea libre». Y en la jazzy ‘The Revolution Will Not Be Owned’, Hval declara que «esta canción está regulada por derechos de autor, y soñar no tiene derechos de autor», y sentencia que «la revolución no será propiedad de nadie». La implicación que cabe extraer de ambas canciones es que, dentro de este sistema, el arte no es libre, pero entonces, ¿el arte es esclavo? ¿De qué exactamente? ¿Puede realmente ser libre el arte cuando es expuesto a un público? ¿Qué significa realmente ser libre? ¿Ganarse la vida con el arte no es una forma de libertad? Hval no se hace ninguna de estas preguntas en ‘Classic Objects’ quizá porque sus letras están sumidas, más bien, en un viaje interior, aunque eso no es nuevo.

- Publicidad -

Es digno de mención que el disco presente un sonido tan apegado a la new age, uno de los productos musicales del capitalismo más denostados, conocido por su función tipo «música de fondo» como la que suena en la sala de espera de la consulta de mi psicóloga, y cabe preguntarse si también el estilo musical que prevalece en ‘Classic Objects’ representa un comentario irónico sobre la posición de Hval dentro del sistema capitalista de las discográficas, o sobre los dobles raseros que se ven una y otra vez en las revistas de tendencias, que ahora valoran positivamente este sonido porque de repente lo habita una artista de art-pop aclamada por la crítica, cuando ni siquiera lo revoluciona o reinventa de ninguna manera, aunque el disco sí presente un sonido agradable y «soft», hecho con la delicadeza que cabe esperar de su autora.

Como de costumbre, el trabajo de Hval resulta más interesante cuanto más caso se le hacen a las letras. Ella ha publicado ya dos libros y los textos de ‘Classic Objects’ vuelven a ser muy francos en sus reflexiones sobre el patriarcado, el cuerpo femenino, el propósito del arte o la identidad de Hval como artista. En ‘American Coffee’ se pregunta qué habría sido de ella si no hubiera perseguido el camino del arte, y sus referencias esnob al grado en Bellas Artes que posee, a «citas irrelevantes de autores franceses» y al «clímax de una inteligente película de ciencia ficción» aparecen salpicadas por la sangre que orina en el baño de la universidad, afligida la artista por una infección en el tracto urinario; ‘Jupiter’ empieza en una instalación de arte y termina en un «desierto donde los valores, los géneros, la representación y las relaciones se están desmoronando», pasando del ambient-jazz al vacío del cosmos también en la composición musical; y en ‘Classic Objects’ describe su fascinación con los materiales, imagina que su cara está hecha de mármol y relaciona el arte con la muerte como si fueran la misma cosa.

Menos fascinantes resultan los arreglos musicales de ‘Classic Objects’ que, a la manera de ese new age diseñado para calmar el espíritu azotado por los látigos del capitalismo, simplemente ofrecen una solución musical funcional a las letras de la noruega, eso sí, abordada con sumo cuidado. Su visión del mundo, por contradictoria que sea ya desde la primera pista, donde solo le falta entregar su carné de feminista por haberse casado (¡¡¡qué horror!!!), sigue siendo fascinante, inteligente, necesaria. Quizá yo también haya entrado al trapo de los medios que ensalzan obras de art-pop que no son para tanto intelectualizando un disco que no es para tanto, pero pocos discos invitan a las reflexiones a las que invita la autora de trabajos como ‘Blood Bitch’ o ‘Apocalypse, girl’. Para bien o para mal, escuchar su música sigue siendo una experiencia incomparable, pero quizás su evolución como artista no pase necesariamente por hacerse pop… o intentarlo.

Discos recomendados